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¿Para qué se inventaron los entrenadores? (I)

¿Para qué se inventaron los entrenadores? (I)
domingo 15 diciembre 2019 01:00Editorial
de Manuel Rodríguez
“Cuando el fútbol empezó a practicarse de manera organizada, es decir, siguiendo las reglas de los ingleses, no existía la figura del entrenador” (Blog ECOS).

Y apuntan también que Puskas, en una entrevista de 1995 con el diario “El País”, en Budapest, señaló: “Fuimos a Inglaterra y no le interesábamos a nadie. Teníamos a un chico que hacía de entrenador y simplemente nos dijo: “Salid ahí y no hagáis tonterías”. ¡Qué coño tonterías! En tres minutos les habíamos metido dos goles, pero el segundo nos lo anularon y a mi se me soltó la lengua y le dije de todo al árbitro”. Decía don Pablo Hernández Coronado: “El jefe del equipo era el capitán; el cual era designado por sus propios compañeros a través de una votación directa. Durante aquel periodo legendario, la función del capitán se limitaba a elegir a los jugadores que formarían el equipo y a indicar el lugar que ocuparían”. Un alineador, vamos. “En la revista deportiva madrileña “Gran Vida”, en marzo de 1904, Monsieur Cottart hablaba de la “homogeneidad” como una de las cualidades más deseables para un “team”. Su tesis consistía en defender que la superioridad de un equipo se sustentaba en el “respeto, disciplina y obediencia” a su capitán, el cual deberá corresponder a dicha confianza procurando que sus subordinados conserven sus sitios respectivos en defensa y entrenando a sus delanteros para que hagan “muchos pases”. De cara a la elección de los jugadores, Cottart recomendaba hombres ligeros para la delantera y hombres pesados (aunque ágiles) para la defensa. Y también advertía sobre el juego personalista que solo busca el aplauso fácil del público inexperto”.

“Los primeros entrenadores fueron jugadores del propio club que acababan de retirarse, luego llegaron los veteranos de otros clubes y finalmente los técnicos extranjeros. El puesto iba ganando paulatinamente en importancia, cada vez estaba más “tecnificado” y, en consecuencia, mejor retribuido”. “Es interesante contrastar la opinión de Hernández Coronado (1955) sobre el impacto de un técnico en un equipo con las declaraciones que hizo sobre el mismo tema Alfredo Di Stéfano (1964), porque son muy parecidas. Di Stéfano aseguraba que un director técnico, “sabiendo”, podía colaborar a lo sumo en un diez por ciento para conseguir el triunfo. Pero el técnico que no sabía podía perjudicar al equipo en un cuarenta por ciento… Hernández Coronado estimó, a ojo de buen cubero, que un buen trabajo técnico podía mejorar las posibilidades de un conjunto hasta un quince por ciento. Sin embargo, también podría reducir el rendimiento hasta un cincuenta por ciento, si los entrenamientos eran demasiado duros, si contribuía a que hubiese disensiones dentro del grupo o si toleraba la indisciplina”.

“Hernández Coronado consideraba que los entrenadores eran “necesarios”; si bien no tanto por la vorágine tacticista, con la que se muestra muy crítico, sino por motivos sociológicos. Los entrenadores existían, principalmente, para ejercer cierta sensación de control sobre los jugadores; y porque siempre hace falta alguien cuya principal misión sea tener la culpa. Este segundo punto está vinculado a la necesidad de una catarsis periódica en los equipos”. (…) “La conveniencia de sacrificar un chivo expiatorio que permita transmitir metafóricamente la sensación de “borrón y cuenta nueva”, así como eximir a la Junta de toda responsabilidad por una teórica mala marcha del equipo. Hernández Coronado considera este mecanismo como parte de una “religión del deporte, con sus mitos, sus ritos, sus santos y sus santones”, y a esta esfera pertenecerían, por ejemplo, esas expulsiones solemnes de entrenadores. Si bien él parece apuntar a que considera estas dinámicas como algo necesario.

“Dante Panzeri habla también sobre esta misma dimensión “espiritual” del fútbol, aunque con un enfoque mucho menos compasivo. Sirva como ejemplo el artículo publicado en el número 6 de la revista Satiricón (1973), en donde considera equiparables a la charlatanería política, el curanderismo y al “macaneador” (estafador) religioso con los directores técnicos del fútbol. De hecho, Panzeri se muestra aún más despiadado con los entrenadores que con las otras supuestas patrañas, puesto que, si bien atribuye a la religión o al curanderismo algún “servicio espiritual”, considera en cambio que los directores técnicos con el caso más incomprensible de cuantas “supercherías” hay en el mundo. Aun cuando en el artículo de Satiricón asegura que el fenómeno le resultaba incomprensible, parte de su obra fue encaminada a sistematizar una teoría coherente sobre cómo funcionaba y a quién servía este fenómeno de los técnicos futbolísticos”.

“Si ponemos en paralelo el trabajo de Dante Panzeri con los escritos de Pablo Hernández Coronado, constataremos que sus enfoques particulares son bastante compatibles. Ambos dan preeminencia a su función como “chivo expiatorio”. La diferencia entre ambos es que Hernández Coronado razona que el funcionamiento es similar al ritualismo religioso, mientras que Panzeri prefiere compararlo con una comedia teatral, pero al fin y al cabo el procedimiento es parecido. Panzeri lo explicó con todo lujo de detalles en otro artículo de Satiricón (1974) dedicado a “Los dirigentes del fútbol”. Allí dice claramente que el director técnico fue un invento de los dirigentes y que su función principal consistía en darle a las masas de aficionados un culpable visible para que los directivos quedasen a salvo. Lo mismo que veinte años antes había razonado Hernández Coronado, si bien éste ahondó más en el fenómeno estableciendo que la catarsis de la destitución también era útil para los jugadores – y no solo para los directivos – y que el advenimiento de un nuevo técnico suponía darle al aficionado una nueva ilusión. Algo necesario porque, según él, las masas “siempre se creen con derecho a los milagros”. Por ejemplo, que de once malos jugadores pueda salir un buen equipo”.

Cada vez son más los entrenadores que no acaban las temporadas con sus equipos, incluso ya no se utiliza las disculpas de las derrotas. Lamentablemente, me parece de récord que la Unión Deportiva Salamanca ya haya utilizado a CINCO entrenadores en esta temporada.

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