Lorenzo Insigne regresa al Pescara 13 años después: del préstamo de 2012 al círculo que se cierra
Trece años después, Lorenzo Insigne vuelve "a casa". No a la del corazón en Napoli, sino a la que en 2012 le abrió por primera vez las puertas como profesional: el Pescara está listo para reencontrarse con su "Magnifico", cerrando un círculo cargado de emociones y recuerdos.
Fue la temporada 2011-12 cuando un joven talento napolitano de apenas veinte años desembarcaba en Abruzzo cedido por el SSC Napoli. Aquella campaña terminó con el ascenso a la Serie A del Delfino, primer paso de una carrera que llevaría a Insigne a convertirse en uno de los emblemas del fútbol italiano.
Desde su regreso al SSC Napoli en 2012, el camino de Lorenzo ha sido extraordinario. Convertido en capitán del conjunto partenopeo, conquistó dos Copas de Italia (2014 y 2020) y rozó el Scudetto en varias ocasiones. Tanto como para convertirse en ídolo del 'Maradona', con más de 400 partidos y 122 goles con la camiseta napolitana.
En 2021 llegó la coronación con la selección: campeón de Europa en Wembley, protagonista de una cabalgada azzurra que devolvió a Italia a la cima del continente. Un momento de gloria absoluta, antes de decidir cambiar de vida y volar a la MLS, al Toronto FC, donde ha pasado las últimas temporadas lejos de los focos europeos.
Ahora, con 34 años y como agente libre, Insigne ha elegido volver donde todo empezó. El acuerdo con el Pescara, actualmente en Serie B, lo ha cerrado el director deportivo Pasquale Foggia: un contrato de seis meses con opción a una temporada más. Una decisión con aroma de romanticismo futbolero, lejos de los cantos de sirena de la Lazio y de las especulaciones sobre un imposible regreso al SSC Napoli.
Para el Pescara es un fichaje que va más allá del césped: recuperar a Insigne significa regalar a la afición blanquiazul a un campeón que todavía puede marcar la diferencia en la Serie B.
Para el futbolista, en cambio, es la oportunidad de retomar el hilo donde empezó, con la madurez y la experiencia de quien ha ganado mucho, pero con las ganas de demostrar que la pasión por el balón no entiende de edad ni de fronteras geográficas.
Un regreso que huele a poesía futbolística, a segunda juventud, a respeto por el propio pasado. El Magnifico vuelve a brillar en Abruzzo.



