El SSC Napoli paga muy caro sus decisiones en el mercado: Lang y Lucca son solo la punta del iceberg y, mirando al futuro, hay poco que celebrar: pocos jugadores con mercado y un presupuesto que no es precisamente infinito
El SSC Napoli atraviesa un momento delicado, por muchos motivos. Desde la Serie A, con el Inter FC a +6 en la tabla, hasta la Champions League, donde clasificarse para el play-off de febrero está lejos de ser un trámite, pasando por el mercado de fichajes y esa norma kafkiana que no permite al conjunto partenopeo moverse con libertad pese a ser un club saneado y sin deudas. Por un lado resulta increíble que los partenopeos tengan que lidiar con todo esto a diez días para el cierre del mercado de enero; por otro, toca señalar a quien no ha sabido rentabilizar los muchísimos millones puestos sobre la mesa por Aurelio De Laurentiis en las últimas ventanas. El presidente no está ni mucho menos satisfecho al 100% con su director deportivo, Giovanni Manna, y no le faltan razones: demasiados de los futbolistas llegados a la sombra del Vesubio no han dado la talla para el SSC Napoli y ahora será muy difícil poner remedio a ciertos errores.
Pongamos algunos ejemplos, empezando por lo positivo. Scott McTominay es un auténtico crack, un jugador capaz de marcar diferencias ante cualquiera y en cualquier competición, pero él solo no basta para que el SSC Napoli sea cada vez más fuerte. Luego están Rasmus Hojlund y David Neres que, tarde o temprano, están demostrando ser perfiles útiles para hacer crecer al conjunto partenopeo, pero el resto de incorporaciones no convence y el salto de calidad, el definitivo tras ganar dos Scudetti en tres años, el que debía llevar al Napoli a pelear también en la Champions, no ha llegado. La ingenuidad de Alessandro Buongiorno en el duelo ante el FC Copenhague es la última prueba de que los 35 millones invertidos hace año y medio fueron excesivos para el valor real del jugador, que, en cualquier caso, no es el único. Noa Lang y Lorenzo Lucca son los ejemplos más sangrantes de lo que no ha funcionado en la planificación: el SSC Napoli se ha apresurado para darles salida a ambos tras apenas medio curso, con la esperanza de que esas opciones de compra que incluirá en los acuerdos con Galatasaray y Nottingham Forest se conviertan después en traspasos definitivos, porque, de lo contrario, competir en el mercado estival el próximo verano sería poco menos que imposible.
Y hay muchos más ejemplos si miramos solo a los dos últimos años de mercado. De los 33 millones pagados por Sam Beukema a los 10 abonados al Empoli FC por Luca Marianucci; de los casi 40 en total por Gutiérrez y Gilmour a los 14 por Rafa Marín, luego cedido. La sensación es que siempre son los mismos (Di Lorenzo, Rrahmani, Juan Jesus, Anguissa antes de la lesión) los que sostienen al equipo para seguir el ritmo, o al menos intentarlo. Y si se profundiza en el problema, hay aún menos motivos para sonreír en la entidad partenopea. De tantos fichajes, casi ninguno tiene mercado, y un club que construyó parte de su éxito a base de ventas —de Cavani y Higuaín a Osimhen y Kvaratskhelia, por citar solo algunos— tendrá que asumir pronto la nueva realidad. El cambio de estrategia, que también sirvió para convencer a Antonio Conte tanto para firmar la primera vez como para continuar tras el Scudetto, no está dando resultados, y en la cabeza de Aurelio De Laurentiis crece el temor de que algunas decisiones puedan acabar estropeando un proyecto que hasta hace nada parecía perfecto. Las próximas decisiones deberán ser ejemplares: no hay margen para más errores. Porque el SSC Napoli debe pensar en el presente, sí, pero no puede arriesgar su futuro.



