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ENCUESTA
¿Puede el Real Madrid revalidar el título de la Champions League?
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  No

“Es imposible ir hacia delante y mirar hacia atrás; quien vive en el pasado no puede avanzar”. (Ludwig M. Van Der Rohe)
13.11.2018 00.56 de Manuel Rodríguez   artículo leído 1879 veces

En “Xataca.com”, escribió Javier Lacort, “En los últimos años se ha instalado entre las hinchadas futbolísticas un lema que ha ido calando: “Odio eterno al fútbol moderno”. Porque, “su significado unánime está en la añoranza del fútbol de los ochenta y los noventa, más puro, rudo y sudoroso…” Entre añoranzas y recuerdos históricos, se sigue asegurando que “El fútbol ya no es lo que era” (…) “Todavía quedan algunos pequeños resquicios del fútbol de antes; pero, con la entrada de las grandes empresas, el dinero y el capitalismo se han puesto aún más por delante”. Personalmente no quiero caer en las trampas de la memoria que todo lo idealiza, haciéndonos percibir que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y las adaptaciones sufridas son necesarias porque el nivel actual del fútbol, queramos o no, es superior en términos generales, solo tenemos que ver esos partidos organizados con niños y la manera que tienen de desenvolverse tanto individual como colectivamente. Incluso, viendo a los equipos de menor presupuesto, observamos un excelente nivel de competición, aunque luego quede minorado porque en una Liga acabarán perdiendo más que ganando. Y eso condiciona nuestros juicios técnicos.

Nadie contradice a Simeone cuando dice, siempre que pierde, que no tiene el mismo presupuesto que los otros equipos monstruos, Barcelona y Real Madrid. Incluso me sorprende ese “síndrome” actual donde a todos los observadores nos parece muy mal que algunos equipos inferiores ganen a otros teóricamente superiores, hasta nos parece una mala Liga porque en la cabeza llegan a agruparse hasta seis equipos con pocas diferencias de puntos entre ellos. Pero, ¿estamos locos? Para mí, lo que ahora mismo está ocurriendo es muy bueno para el fútbol y los aficionados tienen que aprender a convivir con esa nueva realidad, incluso aplaudirlo. De otra forma, aferrarnos a los recuerdos de algo que no volverá a ocurrir de una manera calcada, sin más, supondría un anquilosamiento mental innecesario. Y no estamos para congelar evoluciones. Eso sí, el hecho de que un Barcelona o Real Madrid, empaten o pierden partidos, no pueden estar en crisis permanente, sujetos a la desestabilización institucional por un resultado negativo. Ambos tienen que aprender a perder…

Si hablamos de fútbol antiguo que evolucionó a moderno, ya son muchas veces en las que afirmo mi adhesión al “Pressing Fútbol” de Rinus Michels de los años setenta y su juego con todas las consecuencias, positivas y negativas. Estilo que derivó en lo que, posteriormente, se “marketingnizó” con la denominación periodística de “Fútbol Total”, todavía se sigue afirmando cincuenta años más tarde que aquellos equipos “jugaban al fuera de juego”, lo cual es una mentira irreflexiva y se mezclan churras con merinas. Otros aseguran que aquel fútbol evolucionó con un componente, casi religioso de “fútbol posición” que ahora parece ser la panacea. Del mismo modo, citando a Rinus Michels, pareciera haber descubierto la esencia del fútbol moderno olvidando que, a su vez, el bebió de fuentes anteriores como la de Vic Buckingham, un antecedente singular tanto en Ajax como en Barcelona por cuanto a éste lo llegó a entrenar en 1970. Y Johan Cruyff bebió a su vez de ambas fuentes. En mi primer libro “La Ignorática y el fútbol” comparé los postulados de Cruyff con los del viejo Chapman, entrenador que a algunos le suena a naftalina cuando fue un iniciado, un libro abierto, en 1925. Pero no nos aferremos a historias pasadas sino a las ya evolucionadas, dejando sentado que el fútbol no es lujo, riquezas, contratos millonarios; y ser profesional también es jugar en Segunda división A o B, con los problemas inherentes a los clubs que disponen de pocos ingresos y no siempre pagando religiosamente a sus futbolistas. La experiencia señala que el entrenador y los jugadores acaban siendo poco respetados convirtiéndose en monedas de cambio, mientras que los aficionados se implican a su manera porque quieren buen juego, buen fútbol y buenos resultados sin recapacitar de cómo se consigue eso, siguen pensando que con su carné de socio ya cumplen con todas las premisas y obligaciones. Fútbol emocionante, pero sin emoción por el fútbol propiamente dicho.

Carlos Roberto y Miquel Sanchís, dos aficionados al fútbol, han publicado un libro que es todo un ejercicio de nostalgia y crítica a un fútbol que cambió aficionados por consumidores: “Odio al fútbol moderno”. Esta oda a las gestas europeas de equipos pequeños, a los futbolistas con bigote, a los estadios con cerveza, almohadillas y marcadores manuales como representación de un fútbol más noble. Aunque, con lo que menos comulgo personalmente es que el elogio a lo antiguo resulte una crítica mordaz a lo nuevo. Es verdad que resulta difícil sustraerse a ciertas negatividades: “Es un deporte secuestrado por el dinero”, denuncian en el libro referido. Pero en dicho ensayo se dicen verdades como puños: El aficionado al fútbol es conservador y no le gustan los cambios; hay poco espíritu crítico; se aferra en exceso a la nostalgia tanto de un jugador en concreto como de una forma de jugar… Afortunadamente, “nosotros proponemos el fútbol del futuro cogiendo lo mejor del fútbol de antes y lo mejor del fútbol de ahora, que también tiene cosas que nos gustan”. Yo me adhiero a esta máxima. Seguramente los autores pretenden mejoras evidentes de lo actual aprovechando lo bueno de lo antiguo…

Y entre otras cuestiones, para mí el juego actual es más vistoso, menos agresivo, más seguro, más comodidad de los estadios, etc. Hace unos días nos preguntábamos si es verdad aquello de que “el fútbol es de los jugadores” y debatimos nuestras dudas permanentes. Estos autores aseguran “Confiamos en que el fútbol vuelva a ser de la gente”. Y me temo que es una utopía por la que ha hemos pasado hace tiempo, yo mismo fui propietario de mi club comprando acciones en pequeña cuantía, muchos pocos de aficionados soñadores, hasta que la Unión Deportiva Salamanca fue esquilmada y los ilusos nos quedamos sin explicaciones. Ni la nostalgia me resarce de ello, ese fútbol de antes no lo quiero, por supuesto. Catástrofes que ni la propia Hacienda Pública solucionó por cuanto aún es acreedora de cantidades importantes, el grueso de la gente no se movió lo suficiente para recuperar el club. Por otra parte la figura de la Sociedad Anónima no incorporó medidas tajantes para “pedir responsabilidades a los administradores” que se marcharon de rositas aunque digan que ellos perdieron mucho dinero (De ellos fue la responsabilidad de la mala gestión, y no quiero hacer alusión a lo que en los equipos de fútbol se llama “dinero de no anotar” por cuanto hay un “comisionamiento” acelerado en todos los fichajes, algo así como lo que vulgarmente se llama “hacer el egipcio”). Citados autores han asegurado que la actual “situación es reversible”, lo cual me parece una opinión llena de buena voluntad, voluntarismo puro y duro, porque yo no vislumbro ese futuro tan halagüeño olvidándose de los buenos pasos dados.

En agosto 2018 escribí dos capítulos sobre “El fútbol ultramoderno” y plasmaba opiniones de Nacho Carretero en “Jot Down”, algunas de ellas muy drásticas: “Odio eterno al fútbol moderno”: “Añoro el fútbol subdesarrollado de antes, sin fans histéricos haciendo fotos al delantero rival después de que haya metido un gol a su propio portero, ni treinta periodistas desplazados a otro país por un partido. Sin anuncios de cremas hidratantes y bancos. Sin niños preocupados por el color de sus botas. Yo quiero el fútbol en esencia. Sin señores prostituyéndolo”. Por supuesto, también me interesó aquella opinión de Menotti: “El juego es otra cosa. Ni moderno ni antiguo, ni lento ni rápido, ni vertical ni horizontal. Es un juego como el ajedrez. Que tiene tres bases fundamentales: tiempos, espacios y engaños. Usar bien los espacios, manejar bien los tiempos y engañar al adversario, ya sea individual o colectivamente. Eso es el fútbol. El equipo le hace creer que vamos para acá, y vamos para allá. El jugador lo mismo”. Aunque el argentino fue tremendamente cáustico cuando aseguró: “El 90% de los futbolistas no saben jugar al fútbol”. ¿Se nos está haciendo mayor el admirado Menotti o se está convirtiendo en un perfeccionista intolerante?

En su libro “Genios del Fútbol”, Joaquin Diloldan se regodea con ciertos personajes que hicieron el fútbol grande. Quiero recuperar algunos pasajes sueltos de su puntapié inicial: “Querrían los poderosos que los energúmenos que gritan desde las gradas fueran una masa incapaz de razonar. Prefieren una horda de sedientos ciegos de victorias que no llegarán nunca porque ellas son exclusivas de los poderosos. Dan así, lecciones que se graban en las masas. “Nada puede contra el dinero”. Luego los medios hacen el trabajo fino. Escucharán hablar de fichajes, queriendo adoctrinar sobre el mismo mensaje: “El fútbol moderno es un mercado”. Educan en la frustración. Cultivan la resignación. Tristemente algunos clubes caen en la trampa…” (…) “Quizás podamos reconciliar lo popular con lo complejo, esa es la esencia del fútbol. Un deporte fácil de ver y sencillo de entender pero que encierra complejidades insospechadas y cierta magia imprevisible”.

Hace unos días, antes de la jornada del 6 de noviembre, de “Champions”, preguntaban a Simeone por el eterno debate del estilo, a lo que el entrenador contestó: “Respeto todas las opiniones, el fútbol es maravilloso y hay un montón de formas de poder ganar y todas son buenas. Hay que elegir una y nosotros creemos en una por las características de nuestros jugadores. En 7 años mucho no nos hemos equivocado”. Sin embargo, mi amor particular por el fútbol moderno es consecuencia de lo que se haya avanzado en los fundamentos del fútbol antiguo y me debato durante años en esa simbiosis. En “La Ignorática y el fútbol” (año 2009) plasmé una síntesis entresacada del libro de J. P. Retacker acerca de un antiguo “Diálogo entre el fútbol antiguo y moderno” que, después de sesenta años, está de plena actualidad. Y presumo, cada vez más, que yo tengo 15 años y 55 de experiencia que me sirve para mantenerme abierto a otras soluciones, diversas, siempre alejadas de esas posiciones estáticas que los antiguos tienden a ponderar como solución única. Y no es eso… Porque yo me aferro a la sabiduría de Goleman cuando asegura que “Saber concentrarse es más decisivo para un niño que su coeficiente intelectual”. Supongo que, en igual medida, este factor sea decisivo en los futbolistas maduros que compiten al máximo nivel. Así como en sus aficionados…


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