Pasalic, cuando entre Bérgamo y el cielo alguien te ama: la emotiva noche del croata
"Aunque vayas solo, vencerás las dudas. El viaje es solo de ida; de muchacho te harás hombre". Así cantaba Phil Collins, dando voz a un padre para su hijo y empujándole a correr hacia sus sueños. Esa misma carrera que emprendió Mario Pasalic contra el Torino FC, con esas ganas de luchar heredadas de quien le enseñó el camino. Luego, el gol y ese llanto en el que aflora el hombre entre la emoción; después, la unión en un abrazo cargado de significado.
El denominador común del gran camino de Mario es siempre el mismo: la familia. El apoyo de mamá y papá, los primeros en creer en ti y los primeros en levantarte cuando caes, enseñándote sobre todo el valor humano: "Tendrás fuerza para luchar, serás sabio para decidir cuando llegue tu momento; porque en este vagar serás tú quien esté en la montaña y tú quien llegue a la cima".
Uno siempre es fruto de las enseñanzas de los suyos y Pasalic no solo ha estado en lo alto de las murallas de Bérgamo Alta (donde se convirtió en hombre talismán con muchos goles ya grabados en la historia del Atalanta), sino que ha sido algo más grande. Aquel chico se ha hecho líder, referencia para los más jóvenes desde lo humano, enseñando que para salir a flote hacen falta sacrificio, humildad y dedicación y, sobre todo, aprovechar cada oportunidad sin miedo: "Aprenderás enseñando y enseñando aprenderás".
Esta temporada, Pasalic, aunque en el primer tramo fue un auténtico motor del equipo (con ese golazo ante el Club Brujas en Champions League) y siempre constante para echar una mano al grupo, ha tenido que afrontar una pérdida para la que nadie está preparado. Ante un dolor así, lo primero a lo que agarrarse es el cariño de quienes te quieren: los tuyos y también ese universo Atalanta, que no escatimó en afecto ni en abrazos. Ese vínculo es fruto de lo sembrado en estos años. Un gran hombre, querido por todos antes que futbolista, que hoy recibe el abrazo de todo Bérgamo para recordarle que nunca estará solo y que alguien, desde arriba, seguirá amándole, siempre y para siempre.



