El Bologna FC renace en el Dall’Ara tras 110 días, pero ¿dónde está Odgaard?
Ciento diez días. Eso ha tenido que pasar para que el Bologna FC volviera a ganar en el Dall’Ara. La última vez fue el 5 de noviembre de 2025, contra el SSC Napoli: entonces el mundo rossoblù soñaba a lo grande, a solo tres puntos de la cima. Luego todo se torció. Hoy el Bologna FC es octavo, viene de cuatro derrotas seguidas en casa y de una larga crisis de resultados que había resquebrajado certezas y clasificación.
Ayer, sin embargo, algo cambió. Ante la Udinese llegó un triunfo tan sufrido como valioso. Lo decidió el penalti convertido por Federico Bernardeschi, frío desde los once metros en el momento más delicado. Pero el dato que mejor explica el giro es otro: el Bologna FC dejó la portería a cero. No le pasaba desde el 22 de noviembre, también frente a los friulanos. Un círculo que se cierra… o quizá vuelve a abrirse.
Las rachas no se espantan solo con episodios, sino con decisiones. Y Vincenzo Italiano ha decidido cambiarle la piel a su equipo. Adiós (de momento) a un Bologna FC atrevido y vertical; espacio para un 4-3-3 más prudente, compacto, pensado para frenar las transiciones del rival.
En el pospartido el técnico fue claro: “Espero que podamos volver a ser más agresivos y con más calidad. Ahora mismo lo único que hemos tratado de ajustar eran las situaciones de contragolpe. Las hemos limitado y los tres últimos partidos nos han dado la razón. Por ahora seguiremos así e intentaremos tener más solidez para proteger la espalda y ser más pacientes. El camino emprendido parece el correcto y los chicos han respondido de forma excelente en los últimos cuatro partidos: incluyo también el de la SS Lazio”.
Palabras que hablan de una elección pragmática: primero la solidez, luego el brillo. El Bologna FC ha dejado de conceder metros y transiciones fáciles; se replegó, juntó líneas y aceptó ser más paciente. Aún no es el fútbol vistoso del arranque de curso, pero es un fútbol que suma puntos. Y ahora mismo era lo que tocaba.
El contraste con aquel 5 de noviembre es nítido. Entonces el Bologna FC navegaba por la zona altísima de la tabla, empujado por el entusiasmo y una continuidad que parecía estructural. Hoy la realidad es otra: octavo puesto, pelea por Europa a reconstruir, identidad por recuperar.
Y, sin embargo, es en la dificultad donde se mide la madurez de un grupo. Los tres últimos partidos han dejado señales alentadoras: menos nerviosismo, menos desequilibrios, más solidez. Un equipo quizá menos espectacular, pero más consciente de sus límites y de sus deberes.
Si hay una nota discordante en este nuevo equilibrio, lleva el nombre de Jens Odgaard. Siete minutos en los tres últimos encuentros: entró en el 83’ ante el Torino FC, luego banquillo contra el Brann y la Udinese. Una ausencia que pesa, sobre todo teniendo en cuenta el papel central que tuvo la pasada temporada, culminada con la conquista de la Copa de Italia.
Fue el propio Italiano quien tuvo la intuición de reconvertirle en mediapunta en el 4-2-3-1, potenciando sus llegadas, su calidad entre líneas y su olfato goleador. Hoy, sin embargo, el nuevo 4-3-3 parece perjudicarle: menos espacio para un futbolista híbrido, más músculo en la medular y más disciplina táctica.
Y, aun así, el Bologna FC, el pasado 16 de febrero, blindó al danés con una renovación hasta 2029. Una señal clara de confianza y de inversión. Sería una pena desperdiciar un patrimonio técnico y humano.
La sensación es que la nueva solidez es solo el primer paso. Cuando la emergencia quede definitivamente atrás, quizá vuelva a haber margen para ser más agresivos y con más calidad, como desea Italiano. Y tal vez también para ver de nuevo a Odgaard en el centro del proyecto.
Mientras tanto, el Dall’Ara ha recuperado la sonrisa. Y después de 110 días, ni mucho menos estaba garantizado.



