¿Jóvenes o equipo para el Scudetto? Massara y Gasperini discrepan sobre el futuro de la AS Roma
'Si el objetivo es potenciar a los jóvenes, perfecto, siempre que todo esté claro'. Gian Piero Gasperini lo dijo con media sonrisa, esa de las verdades que escuecen. Tras el 3-2 encajado en el Olímpico en la Copa de Italia ante el Torino, una derrota que duele pero no es un drama para la AS Roma, el técnico romanista añadió: 'Podemos alinear también a chicos de 16 años, incluso a los del juvenil. No hay problema'. En realidad, sí lo hay.
Las palabras de Gasperini llegaron el día en que, con la camiseta de la AS Roma, marcó Antonio Arena, un 2009. Y en el que el conjunto romanista dio la bienvenida a Robinio Vaz, un 2007 por el que ha pagado 25 millones de euros. Es la señal de que hay disposición a invertir, al margen de las dificultades con la UEFA, pero no en la dirección que querría el entrenador de Grugliasco. Gasp es, obviamente, un maestro trabajando con jóvenes —probablemente el mejor de Italia—, como demostró en sus nueve años en Bérgamo. Pero no por eso eligió a la AS Roma.
Se percibe, sutil pero real, la diferencia de visión con Frederic Massara, director deportivo de la AS Roma, que garantizó a Robinio Vaz lo que no puso sobre la mesa por Raspadori. Gasperini quiere una plantilla, si no para el Scudetto, al menos para pelear en la zona alta, consciente de que la Champions, con el regreso de la Juventus, será un objetivo muy complicado. Y, el día que llega uno de los mejores talentos internacionales, subraya que tuvo que jugar con Leon Bailey fuera de posición. El director deportivo, en cambio, piensa en otro tipo de operaciones y así corre el riesgo de quedarse sin algunos objetivos. Ahí está, por irnos a la defensa, el caso de Radu Dragusin: la AS Roma está en la puja, pero si el RB Leipzig se muestra más convencido, corre el riesgo de perder ese tren. Y quién sabe qué pensará Gasperini...
La relación del técnico con los directores deportivos siempre ha sido particular. En Bérgamo, Gasp pidió mucho —no siempre se lo dieron— y aun así entregó resultados. Los años de convivencia con Giovanni Sartori, el otro gran deus ex machina del auge del Atalanta, también estuvieron marcados por un dualismo, a veces muy encendido, que terminó encontrando una síntesis gracias a las intervenciones de los Percassi, sobre todo Antonio, el primer gran valedor de Gasperini en Bérgamo. En Roma ya ha pasado algo parecido: los Friedkin se reunieron con Gasp —y no es casualidad que no estuviera Massara— para hacer de bisagra y recomponer el grupo ante las primeras señales de tormenta. Ha funcionado, por ahora. Pero, como dice el propio protagonista: cuentas claras conservan la amistad.



