No hay paz en el banquillo del United: el proyecto de Amorim también se ha estrellado
No hay paz en el banquillo del Manchester United. Desde Sir Alex Ferguson, la lista de sucesores —Moyes, Van Gaal, Mourinho, Solskjaer, Ten Hag y ahora Ruben Amorim— cuenta una historia de expectativas descomunales y resultados a menudo decepcionantes. El portugués, el último en sentarse en el banquillo de los Red Devils, es la enésima prueba: 24 victorias en 63 partidos, un balance que refleja lo difícil que es destacar en un club donde el pasado pesa como una losa y el presente se examina con lupa.
El ex técnico del Sporting de Portugal acabó sucumbiendo a un destino que parecía escrito: el Manchester United no gana la Premier League desde la 2012-13 y, en los últimos años, ha visto al Manchester City y al Liverpool dominar sin piedad. El mercado de verano no trajo las soluciones esperadas y ayer la frustración del propio Amorim estalló en unas declaraciones durísimas contra la directiva: "He venido aquí para ser el manager del Manchester United, no su entrenador… Haré mi trabajo hasta que venga alguien a sustituirme".
Palabras sin filtros que retratan una verdad tan simple como cruel: dirigir a los Red Devils significa vivir bajo presión constante, lidiar con medios y afición que no perdonan e intentar imponer su fútbol en un contexto hostil e implacable. Amorim lo intentó, pero el banquillo más prestigioso de Inglaterra es un campo de minas donde la mínima duda te condena. Su adiós vuelve a subrayar lo frágil que es el papel del entrenador en Manchester. Para el club, el reto sigue: encontrar a quien logre hacer convivir historia, ambición y resultados es cada vez más complicado.



