Debacle de la SS Lazio, no estaba tan mal desde hace 16 años. En once jornadas, la última palabra será de Sarri
Hay que remontarse dieciséis años atrás para encontrar a una SS Lazio peor a estas alturas del campeonato. Era la 2009/10: desde hacía menos de un mes Edy Reja se había sentado en el banquillo en lugar de Davide Ballardini y el conjunto celeste —tras 27 jornadas— acumulaba solo 26 puntos: cuarto por la cola, apenas +3 sobre el Livorno, en zona de descenso. El final, eso sí, fue claramente al alza: veinte puntos en las once últimas jornadas sirvieron a los celestes no solo para alejarse pronto de las zonas calientes de la tabla, sino también para cerrar la liga en la duodécima posición.
Después de aquella temporada, la Lazio siempre rindió mejor que en lo que va de la actual. Ayer en Turín no preocupó solo la derrota, sino sobre todo la forma en que llegó el 2-0 ante un equipo recién cambiado de entrenador. "He visto a un equipo triste y sin energía —dijo Sarri en sala de prensa—. Cuando no ganas las segundas jugadas, de nada sirve hablar del sistema. Esta es la realidad, no hay excusas". Para la SS Lazio llegó la novena derrota en veintisiete partidos: ahora mismo, la tabla dice 34 puntos y décima plaza. Y, sobre todo, sin licencia para soñar: la Juventus, sexta hoy, está nada menos que a trece puntos.
Preocupa el presente y preocupa aún más el futuro. El público que no está, la perspectiva de un equipo que corre el riesgo de instalarse en el anonimato. El mercado de enero, tras un verano sin poder operar, solo ha debilitado aún más la plantilla. Fue, sobre todo, el mes en que se marcharon Taty Castellanos y Mateo Guendouzi. Ratkov, fichado para ejercer de nuevo delantero centro titular, sigue siendo una incógnita incluso después de lo de ayer. Por si fuera poco, la defensa parece haber perdido sus certezas. "La falta de solidez defensiva para nosotros es una novedad; siempre hemos sido un equipo con aplicación atrás", dijo ayer el técnico celeste, que ahora solo tiene la misión de sacar adelante la temporada. Y luego, ya se verá...
Sí, porque el propio Sarri, tras los próximos once partidos, tendrá que decidir qué hacer con su futuro. Con su segunda etapa en el banquillo celeste. En verano, poco después de firmar, descubrió que el club no podría operar en el mercado: un golpe duro al que respondió con una promesa a la afición celeste, quedarse pese a todo. Una promesa que durante este curso nunca pensó en romper. Ahora, con la temporada deslizándose hacia el anonimato, es inevitable empezar a pensar en lo que vendrá: quedan once partidos y luego será él quien decida si continúa o no dentro de este proyecto.



