Bolonia, apagón interminable: los rossoblú siguen a oscuras y el Atalanta congela el Dall’Ara
La 19ª jornada de la Serie A certifica un momento delicado para el Bolonia, que cae en el Dall’Ara ante el Atalanta por 0-2, doblegado por el doblete de Krstovic. Un resultado que duele no solo por la clasificación, sino sobre todo por la forma en que llega: una derrota que nunca estuvo realmente en discusión, hija de una actuación plana, sin colmillo y sin esa claridad que había distinguido a los rossoblú en el primer tramo de la temporada.
Como la nieve caída estos días en Bolonia, silenciosa pero persistente, también en el camino de los rossoblú se ha instalado un frío que cuesta derretir. Un Dall’Ara blanqueado sirve de marco a un equipo que se mueve a paso lento, con ideas congeladas y piernas pesadas. Desde el 22 de noviembre el Bolonia no conoce el sabor de la victoria y la sensación es la de un apagón que se alarga demasiado, en el que la luz no aparece ni cuando haría falta un "arreón de orgullo" (por citar a Vincenzo Italiano).
Da la impresión de que falta algo esencial: la chispa. El conjunto boloñés sufre para darle ritmo a la circulación, se aferra a una posesión demasiado horizontal y rara vez pisa el área rival con continuidad. Enfrente, un Atalanta cínico y compacto vuelve a demostrar que con pocos errores del contrario le basta para golpear. Krstovic no perdona al capitalizar las opciones concedidas, convirtiendo en oro dos despistes defensivos que el Bolonia paga carísimos.
El problema, eso sí, va más allá de las jugadas puntuales. La sensación es la de un equipo pesado, antes mentalmente que físicamente. La acumulación de partidos, las rotaciones obligadas y algunas bajas están pasando factura, dificultando mantener la intensidad y la calidad. El Bolonia pelea, pero a menudo lo hace sin la precisión necesaria en los últimos metros, donde las decisiones llegan tarde y son previsibles.
La derrota ante el Atalanta se convierte así en un nuevo toque de atención en un periodo en el que los rossoblú parecen haber perdido certezas y brillo. Nada irreparable, eso sí, pero toca reaccionar. Recuperar hambre, valentía y, sobre todo, eficacia: porque este Bolonia de las últimas jornadas da la sensación de que genera menos de lo que debería y concede más de lo que puede permitirse.
El riesgo es que este invierno futbolístico se prolongue más de la cuenta. Porque la nieve podrá ser sugerente, pero los resultados no: el Bolonia se ve atascado, incapaz de calentar un juego que sigue siendo previsible y de encender el área rival con continuidad. Y ahora asoma un desplazamiento nada tranquilizador: el sábado en Como, ante un equipo lanzadísimo, brillante y en plena confianza, la cara opuesta de un Bolonia que tendrá que encontrar rápido la manera de romper el hielo antes de que la crisis se convierta en una losa difícil de levantar.



