El "Simeone del OM" se va. Quince días después, las palabras de Longoria hacen ruido
El pasado 26 de enero, Pablo Longoria exhibía plena confianza en Roberto De Zerbi. En una entrevista con el Telegraph, el presidente del Olympique de Marsella afirmaba: «Querría que Roberto fuese como Simeone en el Atlético», una señal inequívoca, símbolo de un proyecto pensado para durar. En aquel momento, la estabilidad en el banquillo parecía una prioridad asumida y casi reivindicada por la directiva.
Sin embargo, apenas quince días después, el panorama cambió de golpe. De Zerbi fue destituido, con el anuncio oficial difundido a eso de las tres de la madrugada. Tan solo dos semanas entre una declaración de respaldo institucional y una separación formal: el fútbol, en Marsella más que en ningún otro sitio, va a toda velocidad, y las certezas de ayer pueden hacerse añicos al primer viento en contra sobre el césped.
La decisión final llegó con el visto bueno del accionista Frank McCourt. La cúpula y el empresario estadounidense negociaron la salida del técnico italiano, cuyo salario se estimaba en 500.000 euros brutos al mes, con contrato hasta junio de 2027 y un amplio cuerpo técnico a su cargo. Por eso hacía falta el consentimiento formal del accionista. El balance de la etapa de De Zerbi en el OM estaba ya tocado y hundido: el entrenador había dejado de hacer calar su mensaje en el vestuario y su puesto quedó en entredicho tras las contundentes derrotas ante el Brujas y el PSG. Una radiografía perfecta de la volatilidad marsellesa: ambiciones de largo plazo estrelladas contra la tiranía del resultado inmediato, donde la paciencia escasea y la confianza puede evaporarse en cuestión de días.



