Criticado por no ganar, pero respetado por su trabajo: ¿qué será de De Zerbi?
Hay entrenadores que se miden por los títulos, y otros que son reconocidos por sus colegas. Roberto De Zerbi pertenece sin duda a la segunda categoría. En la víspera del duelo de Champions entre el Olympique de Marsella y el Liverpool FC, las palabras di Arne Slot no fueron una cortesía cualquiera, sino un aval rotundo, casi una toma de posición: llamar a De Zerbi 'uno de los mejores entrenadores del mundo' no es un ejercicio de diplomacia, es una declaración con peso, sobre todo si llega del técnico de uno de los clubes más influyentes de Europa.
Slot tocó un punto que a menudo se pasa por alto en el debate mediático: no todos los entrenadores deben medirse exclusivamente por las copas levantadas. Existe un valor que antecede a la victoria y que a veces la hace posible: la identidad. Y pocas figuras en el fútbol contemporáneo logran imprimir a sus equipos una marca reconocible como De Zerbi. Sus equipos se distinguen, se identifican, comparten un lenguaje común que trasciende el nivel de los individuos y eleva al colectivo.
Y, sin embargo, pese al respeto generalizado entre la gente de fútbol —especialmente entre los entrenadores de las grandes—, De Zerbi sigue siendo retratado como un técnico 'poco ganador'. Una etiqueta injusta, a menudo superficial, que no tiene en cuenta los contextos en los que ha trabajado ni el crecimiento continuo de los futbolistas que han pasado por sus manos. No es casualidad que muchos de ellos hayan dado un salto de calidad con él para luego sufrir lejos de sus ideas. En los últimos años su nombre se ha vinculado con insistencia a clubes como el Manchester United y el Liverpool FC. Rumores, sondeos, cantos de sirena. Pero la oportunidad de verdad, la definitiva, aún no ha llegado. Quizá porque el fútbol de De Zerbi exige tiempo, convicción y una visión clara, virtudes que no siempre casan con la urgencia por resultados inmediatos que manda en las grandes plazas.
Marsella, en ese sentido, es un reto sugerente. Una plaza intensa e inteligente, con una afición volcánica y una cultura futbolística profunda. Un entorno que puede potenciar a un entrenador como De Zerbi, pero que vive bajo la larga sombra del Paris Saint‑Germain, dominador casi incontestable del fútbol francés. Sobresalir aquí no es sencillo. Construir es posible; ganar, bastante menos. La pregunta, entonces, queda abierta: ¿qué será de Roberto De Zerbi? ¿Seguirá siendo el entrenador más admirado por sus colegas y más discutido por la afición, o llegará por fin la llamada de una grande dispuesta a abrazar sus ideas hasta el final? Por ahora, el respeto del gremio ya es una certeza. Y en el fútbol moderno no es, ni mucho menos, un detalle menor.



