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Vinícius mejorará su estilo antes de que lo desahucien

Vinícius mejorará su estilo antes de que lo desahucien

“La vida es una navegación difícil sin una buena brújula”. (José Luis Sampedro)

Todavía sigo viendo a Morata en el Atlético de Madrid jugando casi como en juveniles, un tanto atropellado, rompedor en el desmarque, veloz, precipitado en el desarrollo de la jugada y mal finalizador aunque acaba metiendo goles varios. Pero si lo comparamos con su compañero Diego Costa, aunque ambos hayan jugado poco juntos, llegan a parecerse en la finalización de movimientos de desmarque en el partido. Ambos son luchadores, unas veces con sentido práctico y otras gastando energías innecesarias para otros menesteres del partido. También hay una coincidencia básica, ambos requieren de la “pausa” en el momento decisivo, cuestión que no acaban de asimilar porque siempre van acelerados.

En el libro “Fútbol IQ” de Dan Blank, pueden leerse fórmulas muy elementales de jugar al fútbol, sobre todo serían muy prácticas para jugadores en ciernes, aquellos que muestran un potencial evidente, pero se pierden en los detalles más comunes. Curiosamente, parece infantil que haya capítulos como “Recibir el balón con el pie adecuado”; “Pases al pie correcto”; “Calcular uno mismo la trayectoria de los balones aéreos”; “Poner el balón rápidamente en juego”; “Mantener vivo el balón”, etcétera. Hasta el mejor profesional puede leer estos capítulos y acabará mejorando su juego, pero seguramente lo considerarán una pérdida de tiempo.

En el “Volumen 2” del citado libro encontramos otro conjunto de sugerencias, asociando uno de ellos al desempeño actual de Vinicius, jugador brasileño del Real Madrid que inició su trayectoria en la temporada pasada y que, en ésta, no juega habitualmente y muestra un cierto desorden en sus expresiones en el partido, se le ve como un futbolista agobiado porque apenas le salen las jugadas que, por otra parte, no lo intenta con la misma frescura del año pasado. Veamos el capítulo “Apunta a algo pequeño, falla por poco” donde podemos leer: “Soy muy partidario de dejar todo el margen de error posible, sobre todo en lo referente a los disparos a puerta. Puedes errar un tiro porque se vaya muy arriba o desviado hacia un lado, pero es físicamente imposible fallar un tiro por ir “demasiado” bajo… Si estás cerca de los tres palos y el balón que vas a golpear está en el aire, apunta a la “línea” de gol. Intenta que la trayectoria del balón barra literalmente esa línea antes de acabar en el fondo de la red. Cuando apuntas a algo tan pequeño como un banquillo, por arriba queda un margen de error de 2 metros. En una portería que mide 2,44 metros de altura, ese margen es muy seguro. Es decir, ¡puedes no acertar al banquillo 2 metros por arriba sin dejar por ello de marcar gol! Cuando apuntes a algo pequeño, es menos probable que seas descuidado con la técnica. Es más probable que estés muy centrado y acortes el recorrido de la pierna en el aire. ¿Qué significa eso? Que tienes más posibilidades de marcar. ¿Y acaso no es eso bueno?”

“Es sorprendente cuán concentrados se muestran los jugadores cuando tienen delante una diana pequeña para sus disparos. Hasta fabricamos una portería portátil de 1 x 7,5 metros, un medio excelente de ejercitar el golpeo de balones que ruedan por la hierba hacia el lanzador. Son esos disparos en concreto los que los jugadores suelen mandar a la órbita lunar, por lo que una diana más pequeña les obliga a acortar la parábola de la pierna y a establecer un contacto técnicamente seguro con el balón”. Son detalles de mejora que el futbolista debiera practicar en colaboración con sus técnicos. Ahora bien, conocí a un entrenador de Primera División que era de la opinión que estas “pequeñas cosas” no se deben entrenar en el equipo por cuanto los futbolistas deben llegar al equipo “ya aprendidos”. Y, sinceramente, con muy pequeños retoques y alguna sugerencia sencilla muchos profesionales podrían mejorar su rendimiento inmediato. Incluso, lo he repetido numerosas veces, si el propio profesional escribiese sus propias experiencias e intentara describir el cómo actuar para mejorar ciertas acciones.

En el “Volumen I” del citado libro de Dan Blank, en el capítulo “Marcar goles”, llega a precisar: “La mayoría de los jugadores que no parecen muy dotados de instinto de gol carecen de habilidad o temple delante de la portería, o de ambas cosas. Ni siquiera tienen idea de a dónde apuntar, por lo que, cuando golpean el balón, el destino de este es una lotería. Lanzan tiros desviados a seis metros de la portería o cañonazos que salen diez metros por encima del larguero o disparan directamente al cuerpo del portero. Usan la parte equivocada de su pie o sacrifican la colocación en aras de la potencia. Carecen de presencia y sabiduría.” (…) “Los delanteros necesitan pasar tiempo delante de la portería y experimentar con ocasiones de gol”.

Por tanto, la ciencia futbolística también puede estar en los libros. Y si los futbolistas se documentan, o toman conciencia de los aspectos de mejora de su profesión, seguramente mejorarán inequívocamente, aunque hay una corriente muy asentada en los propios “futboleros” cual es el hecho de actuar por intuición que tampoco es mala consejera. Mirar vídeos, asimilar, memorizar, practicar, repetir una y otra vez, todo ello puede ser muy útil para establecer mejoras. Pero sin agobios desmedidos, sin urgencias mentales, sin presionarse más allá de lo razonable. Personalmente, a mí Vinicius me parece una persona positiva, debe insistir en sus puntos fuertes como es la potencia y velocidad con balón, las conducciones profundas pero llevando en mente los apoyos de compañeros para cuando se vea “aturdido” y no encuentre los huecos deseados, pueda dársela a un compañero y busque posiciones de desmarque; debe fijar más la acción concreta que quiere ejecutar y no atiborrarse de alternativas para un momento en concreto que puede confundirle, dejar que su intuición le ayude a resolver pero sin querer regatear al segundo hombre si antes no gambeteó al primero, su precipitación es pura angustia de hacer maravillas cuando debiera resolver tan solo lo sencillo y más adelante progresar en otras aventuras, precisamente cuando gane en confianza.

Como quiera que sea, los entrenamientos deben ayudarle a conseguir sus objetivos inmediatos sin romperse la cabeza con titularidades que todavía no le llegan. Sería como el orador que se atranca al intentar desarrollar sus ideas en público, trata de transmitir muchos conceptos atropelladamente, pero se le aglutinan todas las ideas en el cerebro y no establece un orden lógico en la expresión de las mismas, lo que da lugar a un nerviosismo desmesurado que provoca hasta tartamudez y atropellamiento verbal. Vinicius se sabe la lección, sin duda, y tiene condiciones naturales para ser un excelente futbolista con arrebatos geniales. Pero quiere repetir la lección de carrerilla y sin atender a un orden establecido, el ejercicio de unas pausas generadoras de confianza es una actitud por aprender, junto con todo el conocimiento acumulado, al fin y al cabo, es lo que quiere expresar con su magnífica juventud y frescura.

domingo 08 diciembre 2019 01:00Editorial
de Manuel Rodríguez
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