Dos partidos más y se hará efectiva la compra: por qué el Pisa ya no puede prescindir del perro de presa Loyola
Tres apariciones, un gol de muchísimo peso y la sensación de que el Pisa ya no puede prescindir de él. Felipe Loyola se ha ganado los focos con personalidad, firmando ante el AC Milan el 1-1 que había devuelto provisionalmente el equilibrio a un partido de altísima tensión. Una llegada puntual, de centrocampista moderno, capaz de leer los espacios antes de que llegue el balón. Su impacto ha sido inmediato: orden, ritmo, presencia. Y, sobre todo, eficacia.
Nacido en 2000, chileno, Loyola llegó en el mercado invernal procedente del Club Atlético Independiente cedido con obligación de compra condicionada, que además se activará tras solo otras dos apariciones. Con la Roja ya suma 16 internacionalidades y un gol, confirmando una progresión constante en los dos últimos años. No es un mediocentro musculoso en el sentido clásico, sino un equilibrador: centro de gravedad bajo, visión de juego, capacidad para romper líneas en vertical sin forzar la jugada.
En el sistema de Hiljemark, que apuesta por la defensa de tres, Loyola se ha convertido de inmediato en una pieza clave. Escudo delante de la zaga o llegador adicional, sabe adaptarse a lo que pide el partido. El gol al AC Milan es el mejor manifiesto de su carácter: presencia en los momentos clave y eficacia, pero también garra, muchísima garra. Esa misma característica que no le permitió frenarse en la acción del penalti sobre Pavlovic, que le costó a los suyos una pena máxima en el 55', afortunadamente fallada por Fullkrug.



