Bolonia irreconocible: balón parado y defensa hecha trizas, nunca tan mal en la era de Italiano
Desplome total, sin excusas ni atenuantes. En San Siro el Bolonia perdió 3-1 ante el líder, el Inter FC (marcaron Zielinski, Lautaro Martínez, Thuram y Castro), pero el marcador solo refleja en parte una noche de monólogo, que pudo derivar en una goleada sonrojante sin las paradas descomunales de Federico Ravaglia, único dique de contención ante el vendaval nerazzurro. Fue el peor Bolonia de la temporada, probablemente el más pobre de toda la era de Italiano: un equipo partido, cansado, fuera de forma, incapaz de sostener el ritmo, la intensidad y la calidad del rival.
Perder en San Siro puede entrar en el guion. Hacerlo así, mucho menos. El Bolonia fue totalmente superado por el Inter FC, nunca estuvo realmente en el partido, siempre llegó tarde a las segundas jugadas, con poca mordiente en la presión, frágil atrás como un colador e intrascendente arriba. La sensación, minuto a minuto, era la de un equipo que sufría el partido, sin fuerzas ni lucidez para reaccionar.
El Inter FC hizo lo que quiso, con una facilidad pasmosa: superioridad técnica, física y mental. El Bolonia, en cambio, exhibió de golpe sus peores carencias: líneas deshilachadas, una zaga en apuros constantes, un centro del campo asfixiado y un ataque que vive de chispazos aislados, como el gol de Castro, más anécdota que punto de inflexión. Sin Ravaglia, el castigo habría sido mucho mayor, y ese quizá sea el dato más alarmante de la noche.
La derrota en Milán certifica una involución evidente, que se viene prolongando desde hace semanas. El Bolonia no gana en la Serie A desde el 22 de noviembre en Udine, y la racha negativa ya no es casualidad. El equipo aparece descargado, física y mentalmente, como si el depósito se hubiera vaciado de repente tras un inicio de campeonato que había ilusionado a todos.
Hay, sin embargo, un dato por encima del resto que suena a alarma ensordecedora: la fragilidad a balón parado. En los últimos tres partidos de liga, el Bolonia ha encajado 4 goles (de los 5 totales recibidos) en acciones a balón parado: Cabal contra la Juventus, Muharemovic ante el Sassuolo, y Lautaro Martínez y Thuram frente al Inter FC.
Una estadística inquietante si se mira al pasado reciente: en los 14 partidos de liga anteriores, los rossoblù solo habían encajado un gol a balón parado, el de Camarda en el 93’ en el 2-2 en Lecce, a la salida de un córner botado por Berisha. De punto fuerte a vulnerabilidad crónica en cuestión de pocas semanas: señal de bajones de concentración, cansancio, pero también de una solidez colectiva que parece haberse desvanecido.
El panorama general tampoco mejora ampliando el foco a los números globales: en las primeras 12 jornadas, el Bolonia apenas había encajado 8 goles, mientras que de la 13.ª a la 17.ª (recordemos que los rossoblù tienen un partido aplazado ante el Hellas Verona, ndr) ya ha recibido 9. Un cambio de tendencia nítido, que habla de un equipo menos compacto, menos agresivo y claramente más vulnerable.
El Bolonia de San Siro no solo fue derrotado: fue redimensionado, dejado al desnudo en todas sus fragilidades. La sensación es que hace falta una reacción inmediata, porque el crédito acumulado al inicio de temporada se está agotando a ritmo acelerado. Ayer el Inter FC jugó en otro planeta, pero el problema, hoy, es que el Bolonia parece haber perdido el suyo. Y en los próximos seis días llegarán Atalanta y Como…



