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Fútbol moderno con o sin cebolla

Fútbol moderno con o sin cebolla

“No hay buena olla, sin un casco de cebolla”. (Anónimo).

Hace un tiempo se estableció un debate culinario acerca de si la tortilla española con patatas debe llevar, o no, cebolla. De hecho, cada vez más está siendo idealizada por los extranjeros al igual que la paella valenciana. De vez en cuando, aparecen noticias de dónde se hace la mejor tortilla española y, como tantas otras veces, los gustos o disgustos por un determinado sabor acaban agrupándonos en bandos. Eso es lo peor si ambos bloques se radicalizan. O sea, en este caso los “con cebolla” y los “sin cebolla”. Sin embargo, los más pragmáticos aseguran que la calidad de la tortilla depende de la cantidad de huevos.

Quizás coincidiendo con dicho debate de la cebolla y la tortilla de patata, en el fútbol se prodigan criterios para establecer gustos sobre el fútbol “con” o “sin” balón. De hecho, hay equipos representativos de las dos fórmulas. Todo puede relativizarse y ninguna verdad es absoluta a estas alturas. Por mi cuenta y riesgo aseguro que el fútbol “con cebolla” (balón) es más atractivo, más estético, más práctico, permite mayor iniciativa que el fútbol “sin cebolla” (balón) aunque, al fútbol hay que saber jugar de las dos maneras y varias veces en un mismo partido. Cuando se tiene el balón debemos saber cuales son los objetivos y cuando no se tiene debemos tener entrenadas fórmulas, curiosamente para conseguir de nuevo el móvil que es con el que se gana el partido.

Escribía Álvaro Benito en 2010 que “El deporte del fútbol se divide, a grandes rasgos, en dos variables fundamentales, jugar con el balón y hacerlo sin él. Jugar bien con el balón significa darle velocidad en el toque, tomar las decisiones adecuadas en función de la situación del partido, combinar el juego en corto con el largo, aprovechar los “uno contra uno”, sacar partido de las jugadas a balón parado, etc… Y jugar sin el balón comprende casi todo lo relacionado con la disposición táctica del equipo, además de desmarcarse, dar apoyo y soluciones al compañero que lleva la pelota, estar ordenados en el campo, juntos para poder hacer una buena presión sobre el contrario y poder recuperar rápido la posesión, etc.” Y este texto lo escribía al respecto de la Selección de Vicente del Bosque donde el componente técnico de los jugadores era bastante elevado. En las interrelaciones de jugadores en un partido de fútbol, el juego tiene que realizarse con y sin balón. La gran cuestión es cuando el que dispone de la pelota es el equipo contrario hasta qué punto estamos decididos a dejarle actuar.

Me estoy dedicando en los últimos tiempos a releer aspectos futbolísticos y me sorprende la clarividencia que ciertos textos ya contemplaban, incluso hace cuarenta años como es el caso del libro “Soccer Coaching: The European Way”, donde aparece un capítulo maravilloso de Rinus Michels sobre su creación singular del “Pressing Football”. “Cabe jugar al fútbol sin la máxima preparación física, como tantos equipos hacen, si se juega como los italianos, es decir, esperando a la defensa hasta que el contrincante pierde el balón, atacando solo cuando se recupera, jugando a la contra. Mis equipos hubieran podido jugar siempre este estilo de juego con toda facilidad, pues la cobertura inteligente en el juego defensivo es el factor más importante en el juego italiano, y esto es relativamente fácil de organizar”. O sea, el estilo que mencionaba Mourinho hace poco y plasmamos en un capítulo anterior y que algunos técnicos o aficionados entienden como “regalar el balón al contrario”.

Sin embargo, Michel nos siguió aclarando: “… el auténtico fútbol es el fútbol de ataque, y el juego de “pressing” se basa en el ataque durante todos los noventa minutos. Siempre que perdamos el balón, incluso junto a la portería contraria, quiero que mis jugadores presionen para recuperarlo, y esto tienen que hacerlo durante noventa minutos. Así que la preparación física es la primera cosa a velar. Sin ella no se puede jugar al fútbol de “pressing”. Técnicamente, hay ahora un problema como ya expliqué anteriormente. Es evidente que cada vez más jugadores, digamos de 20 años de edad, no han desarrollado su técnica naturalmente, jugando por las calles cuando eran más jóvenes. Así que tropiezo con un puñado de jugadores hasta cierto punto deficientes bajo el aspecto técnico y no plenamente dotados para jugar este tipo de fútbol. La mayoría de los buenos jugadores pueden controlar el balón y pasarlo con precisión si se les da tiempo para ello, pero no hay tantos que puedan demostrar sus habilidades cuando juegan bajo presión, acosados por un contrincante que no les concede este tiempo”.

Por tanto, nos enfrentamos a otra falacia de estos tiempos cuando pensábamos que, el siempre denostado por mí “tiki-taka”, era la esencia del fútbol basado exclusivamente en el toque de balón, sin ton ni son, sin valorar que el Barcelona, por ejemplo, también ataca para recuperar justo en el momento de la pérdida de balón, lo cual es una actitud atacante los noventa minutos del partido. Lo cual no se produce en equipos como el Atlético de Madrid que juega más a esperar el fallo del contrario cuando éste dispone de la pelota, pero ya son muchos años que esta actitud le renta dividendos futbolísticos. Así que, por principio, yo prefiero los equipos “con cebolla” como Barcelona, Real Madrid, Villarreal, Sevilla, Levante, o Betis incluso; antes que los “sin cebolla” como Atlético de Madrid, Getafe, Alavés, Leganés, Valencia, Éibar, etc. Y, sin embargo, muchos de estos equipos me encantan cómo producen su fútbol, cómo compiten… Y en ningún caso renuncio a un fútbol bien jugado de una manera u otra y, demostrado está, los “sin cebolla” juegan extraordinariamente bien y, acorde a sus medios, pocos equipos juegan tan bien como Éibar o Getafe, por ejemplo, mostrando tanto en su campo como en otros estadios una solidez en el juego de difícil ejecución por equipos más técnicos, pero menos entregados, y menos sólidos. Pero el Atlético de Madrid ha perfeccionado un estilo que le renta dividendos competitivos después de unos años insistiendo, y mejorando, en aspectos futbolísticos que aún mejorarán si evolucionan a un mayor encuentro con la pelota en el conjunto del partido.

El día 1 de octubre pasado se enfrentó en el Santiago Bernabéu el Real Madrid contra el Brujas belga. El público no valoró en su globalidad al Real Madrid, a pesar de una posesión de los madridistas del 73%; con 27 tiros a puerta; y 25 córners; pero con un resultado final de 2-2, después de que los belgas ganaban por dos goles a cero marcados muy al principio del partido. O sea, el fútbol “sin cebolla” ganaba con claridad al fútbol “con cebolla” de toque, control, pausa, etc. Y el público tan solo se aferraba a los goles de diferencia. Y el Real Madrid, no sabiendo controlar el juego de “patada a seguir” de los belgas, con la colaboración inestimable de dos fallos garrafales individuales que rompían todos los esquemas colectivos, sumaron una actuación deficiente. Lamentablemente, también sirvió para “desacreditar” a dos jugadores que están en el foco de la “caza de brujas”, tanto el portero Courtois como el delantero Lucas Vázquez. Sin duda, una vez más, encontrando “cabezas de turco” que no se corresponden con las carencias colectivas. O sea, el debate que no acabe. El fútbol único no lo soporto y menos el que aprovecha, ventajísticamente, los aspectos de “causa y efecto”.

Ayer jugó el Inter de Milán en Barcelona. La primera parte fue fantástica para los italianos, marcaron un gol tempranero y demostraron un nivel importante superando al Barcelona hasta el punto de que pudieron anticiparse con tres goles. Salían jugando desde el portero y llegaban a la portería contraria con gran intensidad y predisposición. El Barcelona no encontraba la fórmula de contrarrestar. Pero en la segunda parte resolvió el partido marcando dos goles Suárez que parecía estar deshauciado en competiciones europeas, presionaron mucho más arriba y Valverde encontró soluciones prácticas cambiando jugadores para robar balón y jugar un fútbol “con cebolla”: Vidal robó una y otra vez cuando salió por Busquets y dio el pase del primer gol; Messi asistió en el segundo, presionando con balón cerca del área. Tuvo mucho mérito la victoria y me sorprendió el nivel del Inter de Milán, un partido de poder a poder, jugado en diversos momentos tanto “con” como “sin” cebolla…

martes 08 octubre 2019 00:56Editorial
de Manuel Rodríguez
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