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Árbitros en el caos, el futuro pasa por el challenge. Bastoni, pitidos que acabarán pasando. El Como, espectáculo pero no cuento de hadas: Europa será un banco de pruebas. También para las mentiras de las grandes

Árbitros en el caos, el futuro pasa por el challenge. Bastoni, pitidos que acabarán pasando. El Como, espectáculo pero no cuento de hadas: Europa será un banco de pruebas. También para las mentiras de las grandesTODOmercadoWEB.es
Hoy a las 00:00Editorial
Ivan Cardia

Semana que pasa, polémica que asoma. Jornada sí, jornada también, los árbitros siguen siendo protagonistas de nuestra liga. Partamos de una base: a las protestas hay que cogerlas con pinzas. Vaya por qué será: el arbitraje siempre lo critican los que pierden o, como poco, no ganan. Los errores a favor se olvidan: Chivu tuvo hace poco la ocasión de reconocerlo y la dejó pasar. La polémica, en ese sentido, es un arma de distracción masiva: hace que miremos al árbol y no al bosque. Pero también es verdad que el colectivo arbitral vive un momento complicado: Rocchi tiene, de facto, un solo silbato de primer nivel —Doveri—, algún perfil como mucho interesante y, en el mejor de los casos, un buen puñado de jóvenes por hacer. Sería perdonable en nombre de los ciclos, que alcanzan a todos, pero aquí se ha creado un pequeño cortocircuito. Desde la óptica del designador es comprensible verse como el entrenador de un equipo. Al mismo tiempo, los árbitros no son una parte en liza: son los jueces, y es aún más legítimo exigir que sean de alto nivel.

Elevar la calidad es el objetivo declarado de la reforma que tiene en mente Gabriele Gravina, el PGMOL italiano. ¿Convertir a los árbitros en profesionales mejorará su nivel? Difícil, La Penna (y hablamos de uno apañado, incluso demasiado criticado por una decisión imposible) no se convertirá en Orsato por firmar un contrato. Y, vistos los emolumentos, profesionales ya lo son. Pero la idea de Gravina tiene buenas bases: daría solidez a un colectivo precario y eliminaría muchos alibis; además, optimizaría los procesos de ascensos y de bajas que hoy responden a lógicas demodé. Queda por ver si lo sacará adelante: de momento, todo queda aplazado al Consejo Federal de abril. Es decir, después de los playoff mundialistas; por más que el presidente de la FIGC haya dejado claro que no ve necesario dar un paso atrás en caso de batacazo, la onda expansiva —con el ministro Abodi en primera fila: no hay simpatía— acabaría por arrasar con Vía Allegri. Ojalá lo evitemos, no por Gravina sino por la selección italiana.

Más que la reforma del profesionalismo, el futuro del arbitraje ya está aquí, en Italia, pero en la Serie C. La experimentación con el Football Video Support ha creado una paradoja: los entrenadores de los equipos de tercera categoría tienen una posibilidad —en realidad dos, tantas como llamadas disponibles por partido, recuperables si prosperan— de intervenir en el juego que los grandes técnicos de la Serie A no tienen. Una vez introducido el challenge en el fútbol, volver atrás es conceptualmente imposible: el FVS, en ese sentido, ya está aprobado. Aunque sea una herramienta más 'pobre' que el VAR (menos cámaras, revisión a cargo solo del árbitro con un operador), ha introducido en la ecuación una variable que no puede quedarse confinada a la Lega Pro que preside Matteo Marani y, más pronto que tarde, tendrá que llegar a la élite. Que vaya a poner fin a las polémicas, no nos engañemos. Pero, al fin y al cabo, ¿qué gracia tendría?

De una polémica nacen los pitos que atormentan a Alessandro Bastoni. Quien firma, en los debates internos de la redacción de TMW, fue de los primeros en sugerir que, tras la segunda tanda de pitos, quizá tocaba decir: ya vale. Al mismo tiempo, la campaña mediática de estos días (en buena medida compartible) corre el riesgo de darse la vuelta: no es ningún escándalo ético que unos aficionados quieran pitar a un futbolista rival, además un campeón súper pagado. Forma parte del juego y esos pitos, tarde o temprano, pasarán; y si no, pues amén: Materazzi, por citar a uno que jugaba en ese puesto y con esa camiseta, se pasó una carrera a base de pitos y lo asumió. Eso sí, cabe desear que, cuando deje la camiseta del Inter FC y vista la de Italia, pensando en ese 26 de marzo que tanto nos hace vibrar, el estupendo público de Bérgamo anime a Bastoni como se anima a un jugador de la selección. No tenemos grandes dudas.

El Como es, ahora mismo, cuarto en la clasificación. La fábula del Lago, dicen algunos. Bueno. Que se entienda: el trabajo del club del Lago es de los que le hacen bien al fútbol italiano. El juego de Cesc Fàbregas puede gustar más o menos (sí, Cesc: puede no gustar), pero la filosofía es apreciable, la resonancia internacional es fantástica y sumar una hermana a las grandes de la Serie A lo soñábamos todos desde hace tiempo para aumentar la competitividad. Por una vez, la palabra 'proyecto' está bien empleada. La de 'cuento', bastante menos: el Como tiene, de largo, la propiedad más rica de la Serie A y, en pocos años, ha vertido toneladas de dinero en el mercado, fichando a los mejores talentos por 20-30 millones de euros. En diciembre, como la SSC Napoli, rozó un mercado a saldo cero y salió el talonario con varias decenas de millones para arreglar la cuestión. A nivel económico no hay nada de sostenible, al menos por lo visto hasta ahora, y la primera temporada en Europa —sea Champions o lo que toque— será el banco de pruebas. Primero para el propio Como, porque será interesante ver cómo gestiona los límites del fair play financiero. Pero también para los grandes: en Italia parece que la UEFA está al acecho para picar cualquier desviación, mientras fuera hemos visto a los clubes más ricos (Paris Saint‑Germain, FC Barcelona, Manchester City) saltarse a la torera el fair play financiero. Da la impresión de que nuestros clubes de Champions usan a menudo la coartada del control de Nyon para evitar inversiones mayores que, en realidad, no podrían acometer y que, sin embargo, activarían un círculo virtuoso. El Como en Europa, en ese sentido, será interesante: podría demostrar que no todo es cosa del FPF.

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