El Pisa corre, se vacía y se derrumba en el Allianz Stadium: el 4-0 de la Juventus certifica el abismo que le separa de la permanencia
Al día siguiente del pitido final en el Allianz Stadium, el análisis del 4-0 entre Juventus y Pisa ofrece una lectura implacable de las distancias técnicas y tácticas que separan a ambos equipos. Los datos del informe del partido no solo certifican el dominio del equipo de Luciano Spalletti, sino que explican con claridad por qué el conjunto toscano está ahora mismo colista con 15 puntos. Un fondo de la tabla compartido de forma provisional con el Hellas Verona (que juega esta tarde en Bolonia), que se traduce en un durísimo -9 con respecto al trío formado por Lecce, Cremonese y ACF Fiorentina, actualmente en 24 puntos y con un partido aún por jugar.
El planteamiento táctico se resume en dos grandes datos: la posesión y la altura del bloque. La Juventus se adueñó del balón con un 60% de posesión, imponiendo un 4-2-3-1 fluido que vivió instalado en campo rival (altura media del bloque de 54,88 metros en la primera parte y 53,54 tras el descanso). El 3-5-2 de Oscar Hiljemark quedó desde el inicio condenado a un ejercicio de pura supervivencia. La altura media del Pisa no pasó nunca de los 44,68 metros, evidencia de un plan de máxima densidad por dentro para negar profundidad a los atacantes de la Juventus. La idea estaba clara: cerrar los pasillos intermedios y fiarlo todo a las contras, que, sin embargo, nunca llegaron. La brecha entre los planes se convirtió en un asedio posicional que los datos retratan a la perfección. La Juventus firmó 25 remates totales (19 desde dentro del área) por solo 7 del Pisa (2 a puerta). El indicador más revelador del desarrollo estuvo en la capacidad para progresar: los bianconeri completaron 130 pases en el último tercio por 46 de los toscanos. El Pisa eligió no tener la pelota y se dedicó a defender corriendo detrás del balón: los azul y negro recorrieron más kilómetros que los locales (118,7 km por 117,3 km), un desgaste enorme sin balón que acabó abriendo grietas. La Juventus, con un 87% de pases completados sobre 499 intentos, movió al rival de lado a lado hasta que la estructura cedió.
El análisis individual revela cómo la Juventus desarmó el bloque bajo toscano explotando las bandas y los pasillos interiores. Francisco Conceição estuvo demoledor por la banda derecha: líder en regates (6) y en pases completados en el tercio final (23), volvió loco al central zurdo del Pisa, Francesco Coppola, que firmó un alarmante 49,5% de índice de riesgo en los pases recibidos, síntoma de la presión asfixiante. En la mediapunta, Kenan Yildiz fue el dueño de los pasillos interiores: 5 pases clave, 5 regates, un gol y una asistencia. Para desordenar aún más al Pisa apareció Weston McKennie, primero en índice de verticalidad (3,45), clave para romper las líneas de un rival replegado. En el lado pisano, sobresale la actuación de pura resiliencia de Antonio Caracciolo (10,3 km recorridos y una punta de 28,17 km/h para tapar agujeros) y el intento aislado de Angori por la izquierda, autor de 9 centros (máximo del partido) pero sin apoyo. El muro del Pisa, sostenido en el primer tiempo a base de kilómetros y sacrificio, empezó a resquebrajarse tras el descanso. Tácticamente, los cambios al intermedio de Spalletti (entraron Kelly y Boga por Gatti y David) aportaron frescura y la velocidad necesaria para estirar a la zaga (Boga alcanzó los 28,26 km/h, mejor punta del partido). El punto de no retorno llegó en el 54', con el gol de Cambiaso. Obligado a remar, el Pisa tuvo que adelantar líneas, traicionando el único plan que le funcionaba. El triple cambio de Hiljemark al 60' (Piccinini, Cuadrado y Loyola por Højholt, Léris y Marin) agravó el panorama: sin densidad, el equipo se deshilachó. Entre el 65' y el 93', con espacios, la calidad de la Juventus se impuso con los tantos en cadena de Thuram, Yildiz y Boga, convirtiendo el dominio territorial en una goleada.
Desde el punto de vista estadístico y táctico, el partido confirma a una Juventus capaz de unir la hegemonía con balón con una verticalidad letal en cuanto el rival concede metros. El equipo de Spalletti sabe desgastar y golpear, firmando números de zona alta. Para el Pisa, el análisis del día después refleja una temporada dramática. El equipo corre, pelea y se sacrifica (el kilometraje lo demuestra), pero le falta calidad técnica para consolidar la posesión o generar peligro (solo 4 ocasiones de gol en todo el partido). La incapacidad para salir de su propio tercio condena a los toscanos a sufrir. Con apenas 15 puntos, a la espera de lo que haga el Hellas Verona en Bolonia, la brecha de 9 puntos respecto a la salvación parece, a tenor de los datos, una brecha técnica antes que un mero asunto aritmético.



