City-Real, la madre de todos los partidos se convierte en un amistoso de lujo. Beccantini sobre la Champions
Adiós, Pep; adiós al pronóstico.
"El día dura un instante", escribió Claudio Magris. La noche de Mánchester, en cambio, dura 22 minutos.
Lo justo para ver algún rifirrafe (Valverde se come un gol, sí, el héroe del Bernabéu) y la circulación machacona del City. De repente, un contragolpe. Protagonista, Vinicius: al palo y, en la continuación, derechazo tapado por el codo de Bernardo Silva sobre la línea: penalti y roja. El pícaro, esta vez, no perdona. El miércoles lo había fallado.
Así, la madre de todos los partidos se convierte en un amistoso. De lujo, sí, pero el 3-0 del Bernabéu es una losa que el orgullo y las geometrías heridas de los "blue moon" solo trasladan hasta el empate de Haaland, con Huijsen no tan reactivo como ante Reijnders y, ya en el añadido, Semenyo. El Real de Arbeloa no se ensaña y le regala a Mbappé una veintena de minutos de rodaje. Sobresalientes los porteros: Donnarumma, Courtois y su suplente, Lunin. El 1-2, en plena academia, llega en el descuento, otra vez con Vinicius.
Estaba en juego el pase a cuartos de la Champions. Insisto: la expulsión de Bernardo, correcta, arrasó con la emoción. Los regates de Doku y las filigranas de Cherki por un lado; la chispa de Vini, provocador como pocos, el bisturí de Brahim y las mochilas de Tchouaméni, sherpa de lujo, por el otro: poesía y prosa.
Para cerrar, un apunte sobre la ordalía de Alvalade y ese Sporting CP-Bodø/Glimt 5-0. La gesta de la semana. En Noruega había acabado 0-3. Entre dos extremos —haber permitido los goles de Openda y David, haber eliminado al Inter— se impuso el primero. Gonçalo Inácio, Pedro Gonçalves, Suárez de penalti y, en la prórroga, Araujo y Rafael Nel. Sincero: no me esperaba, de Knutsen, un cerrojazo tan descarado. Los portugueses parecían almas en vilo. "La gloria solo dura un instante": Dino Zoff, campeón de Europa y del Mundo.



