Bolonia, un punto en dos meses y 22 goles encajados: el Dall’Ara se encomienda a Castro ante el Parma
El domingo a las 12:30, el Bolonia regresa al Dall’Ara para medirse al Parma en un derbi que vale mucho más que tres puntos. Vale una respuesta, un mensaje, y sobre todo la necesidad de encontrar a alguien capaz de echarse el equipo a la espalda, un grupo desanimado que no gana en casa en Liga desde el 9 de noviembre, ante el SSC Napoli. Y si hay un nombre íntimamente ligado a esta cita frente al conjunto parmesano, es el de Santiago Castro.
El argentino tiene al Parma entre sus víctimas preferidas en la Serie A: tres goles en cuatro partidos, solo por detrás de sus números ante el AC Monza (tres goles y tres asistencias en tres encuentros). Pero más que las estadísticas, hablan los recuerdos. Castro marcó en la última victoria del Bolonia en su estadio, la de Copa de Italia del pasado 4 de diciembre, resuelta en el 89’ con un cabezazo suyo a centro de Holm, un gol que abrió de par en par a los rossoblù los cuartos de final, fijados para el miércoles 11 de febrero contra la SS Lazio.
Y no quedó ahí. En el Tardini, el pasado 2 de noviembre, Castro firmó su primer doblete como profesional y fue decisivo en un choque que ya dejó al descubierto las dificultades defensivas del equipo de Italiano. Tras la ventaja relámpago del Parma con Bernabé —marcó a los 13 segundos tras un balón largo que se convirtió en símbolo de una fase frágil de la banda rossoblù—, el ‘9’ empató en el 17’, de nuevo a pase de Holm, antes de culminar la remontada en el 68’, al término de un pinball en el área iniciado por un centro de Miranda. Gol de depredador del área, de delantero centro de verdad.
Más que nunca, el Bolonia necesita esa versión de Castro. En el Dall’Ara hace falta alguien que asuma galones, que convierta la presión en energía positiva. También porque la despedida de Immobile —llamado a ser un valor añadido— dejó poca huella, lastrado por una lesión en su debut liguero.
La historia reciente, sin embargo, dice que Castro siempre ha respondido cuando le han dado la alternativa. El curso pasado se impuso a la competencia interna de Dallinga, pese a que el neerlandés fue el fichaje más caro del mercado: 10 goles y 8 asistencias para el argentino, 7 goles y 3 asistencias para el ex del Toulouse, que solo apareció a ráfagas en el tramo final de la temporada. También este año Castro ha ganado la partida: seis dianas y dos asistencias, cifras mejorables, pero que hoy importan menos que la sustancia.
Guiar al Bolonia a un triunfo ante el Parma significaría mucho más que engordar una estadística: sería ponerse definitivamente el traje de líder. Un paso fundamental para un talento de máximo nivel pese a sus apenas 21 años.
Su último zarpazo, el de verdad, se remonta al 15 de enero en Verona. También entonces fue un gol que sirvió para levantar a un equipo en apuros. La necesidad de un líder ofensivo nace también de unos números que en el Dall’Ara empiezan a pesar como losas. En los dos últimos meses, el Bolonia solo ha sumado un punto en Liga como local, un botín que explica mejor que cualquier análisis el derrumbe de certezas de un equipo que hace un año construyó precisamente en casa las bases de su camino europeo. A ello se añade un dato aún más preocupante: 22 goles encajados en los últimos once partidos en total, señal evidente de una fragilidad estructural que a menudo obliga a los rossoblù a ir a remolque, a remar contracorriente en choques ya comprometidos.
Y es ahí donde el nombre de Santiago Castro vuelve a cobrar protagonismo. Porque cuando la solidez atrás tambalea, hace falta alguien arriba que sepa marcar diferencias, que convierta medio balón en una acción decisiva, como ya ocurrió más de una vez precisamente ante el Parma. Al Bolonia ya no le basta con “jugar bien”: hacen falta goles de peso, hacen falta sacudidas. Y el Dall’Ara, hoy más que nunca, espera que alguien lo haga volver a ser casa.



