Atalanta BC, el 'delirio nerazzurro' de los 23.000 bergamascos que hicieron historia
En una noche como la de Atalanta BC-Borussia Dortmund, la frase más significativa que viene a la cabeza es "La historia somos nosotros". Un verso de De Gregori en un plural que condensa 48 horas en las que Bérgamo se reunió para vivir una velada tan mágica que quien tuvo el privilegio y la suerte de estar allí está condenado a contarla en el futuro. La Ciudad de los Mil ha visto de todo del A.B.C. (Atalanta Bergamasca Calcio), donde acudir siempre ha sido un deber. De las luchas por mantenerse en la Serie A a los ascensos tras los descensos y, por supuesto, las cabalgadas europeas de estos años: todo vivido con la misma pasión, al margen del marcador. Claro, el Atalanta es un grande, pero el lema no cambia: se empuja al equipo en las buenas y en las malas.
Raffaele Palladino tomó nota del enorme apego de la afición bergamasca hasta el punto de presenciar ese espectáculo ya en el calentamiento: casi como su particular 'workout' motivacional mientras veía a los suyos ejercitarse. El técnico fue claro la víspera del choque: "Mañana seremos 23 más otros 23.000. Quiero un estadio en llamas". El espectáculo fue tan contagioso como pasional y no solo en los dos fondos —evocando aquel primer "Delirio total nerazzurro" en Dortmund en 2018—, sino también en la tribuna, convirtiendo el estadio en una auténtica caldera, como si la intensidad del Atalanta sobre el césped fuera directamente proporcional a la de su afición.
Primero, el rugido por Scamacca; luego, el disparo de Zappacosta que subió los decibelios; y, para culminar, el tercero de Pasalic, con la Curva Nord fundida en un gran abrazo. El gol del Borussia heló solo por un instante a una grada que siguió creyendo. Y en el 96’, cuando Krstovic parecía elevarse impulsado por los cánticos, recibió un golpe en la cara dentro del área: penalti.
El penalti de Samardzic se vivió con máxima tensión: la carrera, el disparo, el gol y la explosión de alegría. Unos corean el nombre de Lazar, otros se abrazan y acaban cuatro filas más abajo; incluso hay quien rompe a llorar al pitido final. Y telón final con el cántico "Bérgamo", que consolida la unión que se respira en casa Atalanta: a día de hoy, la única italiana en la Champions League, en otra noche en la que Bérgamo estuvo en lo más alto, altísima.



