Andrea Fabri, un italiano en Venezuela: «Aquí para seguir la pasión por el fútbol»
Más de 8.000 km por un impulso irresistible: el fútbol. Un sueño gestado en Umbría y hecho realidad en Venezuela, donde el fútbol femenino y masculino pelean por abrirse paso en un entorno tan competitivo como el sudamericano. El protagonista de esta historia es Andrea Fabri, técnico italiano nacido en 1986, que entre Caracas y el resto del país está construyendo su carrera en los banquillos.
Andrea, ¿cómo se formó futbolísticamente y cómo surgió la oportunidad de entrenar en Venezuela?
Dejé de jugar pronto y, gracias al impulso de mi padre, empecé a entrenar: primero a los niños de la escuela de fútbol y luego, durante tres años, como asistente en varios primeros equipos de Umbría. En 2022 llegó la llamada de la selección femenina de Venezuela (a través de Vincenzo Conti, con quien ya había trabajado en Eccellenza). En ese momento trabajaba para un organismo público y en pocos días tuve que decidir qué hacer con mi vida. Junto a mi familia opté por renunciar y lanzarme a esta aventura: la pasión por el fútbol era demasiado fuerte. Es una decisión que repetiría un millón de veces.
¿Cómo fue el impacto con Venezuela, también a nivel cultural?
Lo primero, estar lejos de la familia, de los amigos y de la rutina no fue sencillo. Pero tenía un objetivo claro: jugar todas mis cartas. Aquí, en Sudamérica, la cultura es totalmente distinta; hay que adaptarse y meterse de lleno en la realidad del país.
¿Qué peso tuvo en su experiencia en Venezuela el Sudamericano femenino Sub-20, que vivió como asistente?
Fue una experiencia inolvidable. Me hizo crecer como persona, me obligó a enfrentar dificultades nuevas, a comunicarme en un idioma que no dominaba y a trabajar dentro de un cuerpo técnico de primer nivel; también me enseñó a tratar con periodistas y aficionados. Viví momentos que se quedarán para siempre en mi corazón y en mi cabeza, disputando no solo el Sudamericano Sub-20, sino también la Copa América frente a potencias como Brasil, Argentina, Colombia y Ecuador. Llevar mi nombre por Sudamérica fue un orgullo.
Tras las experiencias con la U17 y U15 de «La Vinotinto» femenina, el vínculo con Italia vuelve a sentirse gracias al Deportivo Miranda, los «Parroquiales», un club que nació como Deportivo Italia de la mano de un grupo de inmigrantes italianos en 1948.
Mi etapa en el Deportivo Miranda arrancó en 2024. Hablamos de un club histórico en Venezuela, con cinco ligas en su palmarés. Tras la selección tuve la oportunidad de conocer al presidente, Hugo Savarese, y juntos decidimos impulsar un proyecto ambicioso para ascender a la Serie A. Este es mi tercer año aquí: en 2024 terminamos segundos en el campeonato y caímos en cuartos en los penaltis. En 2025 acabamos primeros en la fase regular y nos quedamos en semifinales. En 67 partidos solo hemos perdido 8 veces; en casa no caemos desde hace un año y cinco meses. Pero el nivel competitivo es altísimo: para 16 equipos solo hay un ascenso en juego. Ahora estamos en la pretemporada y nuestro objetivo es volver a la A, puliendo esos detalles que el año pasado nos faltaron para alcanzar la meta.
¿Qué le falta a Venezuela para subir un peldaño y aspirar, quizá, a clasificarse para un Mundial?
Aquí, en Venezuela, el fútbol es «virgen» en muchos aspectos. Hay un margen de mejora enorme. Talento no falta, las instalaciones de entrenamiento están creciendo, los estadios son nuevos. Venezuela tiene todo para clasificarse para el Mundial de 2030.
¿Está entre sus deseos volver a entrenar en Italia?
Para los entrenadores sin pasado como futbolistas es complicado dirigir en Italia. Sería bonito volver y poner a disposición mi experiencia internacional, pero aquí me he hecho un nombre y en Italia tendría que empezar de cero, sin olvidar que no siempre llega una oportunidad. En Italia tenemos una idea de entrenador distinta a la de muchos otros países: se buscan técnicos jóvenes pero con experiencia, y yo siempre digo que solo el aprendizaje es experiencia; lo demás es información.



