Aleksandar Stankovic explica: «Elegí al Brujas con el corazón; la recompra la pidió el Inter FC»
Hijo de una saga futbolística y mediocentro de 2005, Aleksandar Stankovic ha tenido que volver a salir del Inter FC cedido y esta vez poner rumbo al Club Brujas, club belga conocido por sacar talento a raudales (últimos ejemplos, De Ketelaere y Jashari). Un traspaso singular, con una cláusula de recompra a favor del club nerazzurro de 23 millones en el verano de 2026 y de 25 en 2027, además de un porcentaje sobre una futura venta del jugador.
Desde el inicio de curso se ha ganado el respeto y se ha convertido en una pieza fija del Brujas. «Elegí al Brujas con el corazón», arrancó en la entrevista concedida a HLN. «Tras las primeras conversaciones con los directivos del club, lo tuve claro. En julio me reuní con los dirigentes Devi y Bob en un hotel de Milán. A los dos minutos de charla dije “sí”. Tenía buenas sensaciones. El Brujas es un gran club que se atreve a dar oportunidades a los jóvenes. Incluso en la Champions League. Ese fue el factor decisivo para mí a la hora de elegir este club».
Sobre las condiciones del acuerdo cerrado entre Inter y Brujas: «El Inter FC se demoró un poco en las negociaciones —cuenta Stankovic—, pero estaba seguro de que se alcanzaría un acuerdo. ¿La recompra es una señal de que el Inter FC cree en mí? No tengo ni idea, habría que preguntárselo a ellos. Para mí esa cláusula no era necesaria. Yo solo quería venirme al Brujas». Y sobre el consejo de su padre, Dejan, para dar el salto al club belga: «¿Qué me dijo mi padre? Que es un buen paso para mí».
Eso sí, con una aclaración: «Que quede claro: fue decisión mía. Se lo conté cuando ya lo tenía decidido. La semana pasada estuvo en la grada. Eso me mete aún más presión, porque por el fútbol no tenemos mucho tiempo para estar juntos y solo nos vemos un par de veces al año. Tenía muchas ganas de venir a verme. Hablamos de otras cosas, pero sobre todo de fútbol. Después de cada partido siempre ve algo en lo que podría haber mejorado. Me empuja a seguir en todo lo que hago. Y siempre me dice: “Nunca serás un futbolista perfecto, pero debes esforzarte siempre por llegar a serlo”», a propósito de la severidad de su padre.
En cuanto a la humildad inculcada en casa: «Nos la enseñó mi padre. Que conste: nunca obligó ni a mí ni a mis hermanos a jugar al fútbol. Todos podíamos elegir. Pero nos dejó claro que siempre tenemos que tener hambre si queremos lograr algo. Nadie te regala nada. Por eso me parece de lo más normal seguir siendo humilde y no comportarme como una estrella». No todos sus hermanos, sin embargo, lograron abrirse paso en el fútbol: «¿Stefan? Es una historia triste. Se retiró con 17 años, cuando estaba en el Inter FC. Su apellido le generaba demasiada presión», admitió Aleksandar.
«La gente está deseando juzgar a alguien solo porque es hijo de un futbolista famoso», explica. «Había mucha presión desde la banda y un día dijo: “¡Basta! Ya no me gusta el fútbol”. Stefan era un gran talento. Más que yo y que Filip. Centrocampista zurdo, rápido, con un gran potencial. Pero en lo psicológico le costó. De los tres, yo soy el más duro. Soy directo y puedo decirte las cosas a la cara. Stefan es más sensible… Supongo que suele pasar con los hermanos mayores». Pero Filip, otro producto de la cantera nerazzurra y hoy portero del Venezia FC, sí lo consiguió: «Mi sueño es jugar algún día con él en el mismo equipo».



