El seleccionador de Senegal pide perdón: "No debería haber dicho a mis jugadores que se fueran del campo"
Las imágenes han dado la vuelta al mundo y están llamadas a quedar como uno de los episodios más controvertidos de la historia del fútbol. A instantes del final del tiempo añadido de la final entre Marruecos y Senegal, el penalti señalado a favor de los marroquíes —que Brahim Díaz falló de forma clamorosa— desató la tensión. En señal de protesta, los jugadores de Senegal abandonaron el campo camino de vestuarios, después de que minutos antes les anularan un gol muy discutible.
Una decisión insólita que congeló el partido durante más de diez minutos y encendió la ira de Marruecos. Al final, a instancias del capitán Sadio Mané, los Leones de la Teranga regresaron al césped. Poco después, Díaz erró el penalti y, en la prórroga, Senegal se llevó el título con un golazo de Pape Gueye. Tras el partido, Walid Regragui no ocultó su indignación. El seleccionador marroquí habló de una imagen "vergonzosa" para el fútbol africano y señaló abiertamente a su homólogo Pape Thiaw por haber cruzado la línea. "Parar una final ante los ojos del mundo no fue digno. Este caos también influyó en el penalti de Brahim, aunque no es una excusa", afirmó, asumiendo igualmente la responsabilidad por el error de su jugador.
Desbordado por la polémica y convertido en el principal blanco de la opinión pública marroquí, Pape Thiaw dio marcha atrás. A los micrófonos de beIN Sports, el seleccionador senegalés admitió el error y pidió perdón: "En caliente reaccioné mal. No debería haber dicho a mis jugadores que se fueran. Pido perdón al fútbol". Luego reconoció que, al margen de decisiones arbitrales discutibles, Senegal debía haber aceptado la situación. Disculpas tardías, quizá sinceras, pero difícilmente suficientes para calmar la ira de Marruecos. Porque aquella final, más que por el balón, se recordará por el caos, las protestas y una fractura profunda que tardará en cicatrizar.



