Caos en la Copa de África: tres figuras en el centro de la decisión que ha sacudido al fútbol mundial
El caos generado por la decisión de la Confederación Africana de Fútbol de adjudicar en los despachos la Copa Africana de Naciones (CAN) 2025 a Marruecos, arrebatándosela a Senegal, representa uno de los puntos más bajos de la historia reciente del fútbol africano y mundial. Un episodio que no solo pone en entredicho la credibilidad de la institución, sino que destapa un sistema opaco en el que la política y el poder se imponen al césped.
En el epicentro del temporal, tres figuras clave. La primera, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, cuya sombra planea sobre todo el caso. Su peso político y su influencia en los procesos de decisión internacionales son evidentes, alimentando la sospecha de que la CAF no actuó con plena autonomía. Más que garante del equilibrio, Infantino aparece como un director en la sombra, dispuesto a intervenir cuando los equilibrios de poder lo exigen. Y sus declaraciones tras el duelo del 18 de enero lo dicen casi todo: "Es inaceptable abandonar el terreno de juego de esta manera", dijo el número uno del fútbol mundial, mostrando una inusual firmeza al condenar al equipo ganador.
A su lado, el presidente de la CAF, Patrice Motsepe, incapaz de defender la independencia de la institución que dirige. La gestión del caso ha dejado la sensación de un liderazgo débil, condicionado por presiones externas e incapaz de blindar la legitimidad deportiva de una competición continental. Y, por último, Fouzi Lekjaa, máximo responsable de la federación marroquí, señalado por muchos como el principal beneficiado de una maniobra que dio la vuelta al veredicto del césped.
El resultado: un daño reputacional enorme; una competición vaciada de sentido, un trofeo deslegitimado y una imagen internacional comprometida. Si el fútbol se decide en los despachos y no en el césped, pierde su esencia. Y en este caso, más que vencedores, solo hay responsables.



