Por qué sin Hakan Calhanoglu es un Inter FC completamente distinto
No tanto por los resultados, sino por las prestaciones. Por el liderazgo, la personalidad y la capacidad para encontrar esos resquicios que, ante rivales replegados y atrincherados, el Inter FC sin él no ha sabido hallar. La foto fija del equipo con y sin Hakan Calhanoglu llegó en el doble cruce ante el Bodø/Glimt. Y esto no cuestiona el valor absoluto de la plantilla armada por Giuseppe Marotta y Piero Ausilio, ni la calidad de Piotr Zielinski. Colocado ahí, entre líneas, para coser el juego y dar el último pase, para hacer y deshacer, para ejercer de director de orquesta, ha encontrado savia nueva, energía y quizá una nueva dimensión en su carrera.
Pero sin Calhanoglu, y se vio en la Champions League en el doble cruce contra los noruegos, fue otro Inter FC. Sobre todo en la zona ancha, cuando hacían falta orden, toques de seda y pases al hueco. Cuando tocaba agarrar al equipo de la mano y evitar que se hundiera. Ese es el plus de los grandes, el pecado original de Christian Chivu en la ida (pero aquí Calha no pinta nada: estaba lesionado), y eso fue lo que faltó en la vuelta. Sin el turco y sin Lautaro Martínez, los que tiran del carro en la medular y en el ataque, fue un Inter FC completamente distinto.
Por eso, la partida sobre el futuro y el contrato de Calha, sea en el Inter FC o en otro destino, también girará en torno a esto. Porque a los grandes les hacen falta futbolistas con este peso específico, con esta importancia. Como el turco, Lautaro o Dimarco. Líderes dentro y fuera del campo, capaces de guiar al grupo en los momentos duros. Hay grandes equipos con ellos y sin ellos: son equipos distintos, y así ha sido desde que el fútbol es fútbol. Hay un Inter FC con ellos y sin ellos. Con y sin Calhanoglu.



