Gattuso y la selección italiana, un camino de apenas 8 partidos. Un epílogo anunciado en octubre
Con la salida de Rino Gattuso de la selección italiana se cierra uno de los ciclos más breves de siempre en el banquillo de la Azzurra: apenas 8 partidos, con 6 victorias, una derrota en el 90' y el fatal KO en los penaltis ante Bosnia y Herzegovina, que desembocó en una dimisión nada sorprendente, conociendo la talla humana del seleccionador.
Una llegada tardía
Rino Gattuso se encontró frente a un panorama ya muy comprometido. El desastroso inicio de Luciano Spalletti en la fase de clasificación le dejó una selección que había perdido, y mal, el duelo directo contra Noruega y que apenas sumaba 3 puntos, fruto de una victoria por la mínima ante la modesta Moldavia. Con él también llegó el golpe de timón: volvieron las goleadas que no se veían desde el primer Mancini. Algún gol encajado de más, claro —ahí está el increíble 4-5 contra Israel—, pero en conjunto partidos entretenidos que encendieron la esperanza. El 1-4 contra Noruega pesó muchísimo en lo anímico: fue el partido que dejó al desnudo las fragilidades de una selección que, en cuanto subió el nivel del rival, se vino abajo. El resto es historia reciente, con la noche de Zenica poniendo la losa definitiva a las esperanzas de millones de aficionados. Y a su aventura al frente de la selección.
Un sueño convertido en pesadilla
"Un sueño que se hace realidad, espero estar a la altura. El objetivo es devolver a Italia al Mundial; para nosotros y para nuestro fútbol es fundamental" fueron las palabras con las que se presentó el pasado 19 de junio. Había puesto sobre la mesa desde el primer día el problema de los pocos italianos en la Serie A: "Este año, en la Serie A, el 68% de los jugadores eran extranjeros y ese dato debe hacernos reflexionar. A nivel de fútbol base se ha hecho un gran trabajo, pero después de la Sub-19 muchos futbolistas se pierden un poco". En octubre, tras la victoria contra Israel, admitió: "Me atribuiré los méritos si logro alcanzar el objetivo; de lo contrario, me iré a vivir lejos de Italia. Ya vivo un poco lejos… me iré aún más lejos…". Sus lágrimas, al término del partido de Zenica, ya anticipaban un final inevitable.



