Castigar a todos por culpa de unos pocos: el veto a los desplazamientos es un autogol. ¿Por qué no abrir los sectores visitantes a las familias?
Tres meses sin desplazamientos para los aficionados de ACF Fiorentina y AS Roma. Es la medida que ya adelantamos ayer y que hoy ha hecho oficial el Ministerio del Interior. ¿El motivo? Los disturbios en la A1 coincidiendo con la última jornada de la Serie A: unos 200 ultras implicados, escenas de salvaje oeste, intolerables. ¿Lo paradójico? Que esos 200 «aficionados» —con comillas— puede que ni siquiera entrasen al estadio. Y que por su culpa se castigue a miles de hinchas sin comillas, gente de bien que, salvo marcha atrás, no podrá seguir a su equipo fuera de casa de aquí a final de temporada.
La línea del Viminale, el puño de hierro, es clara, pero también supone la renuncia del Estado a ejercer como tal. Prohibir es fácil, eso lo hace cualquiera; gestionar es difícil, pero imprescindible. Y aunque los clubes puedan tener parte de responsabilidad —en la resolución se menciona expresamente la falta de aplicación de la figura del ‘non gradimento’ por parte de ambos, que permite excluir selectivamente del estadio incluso sin DASPO—, de ninguna manera la tienen los muchos aficionados involucrados sin culpa en una decisión que les castiga a todos por la culpa de unos pocos.
Se podía, y aún se puede, imaginar otra vía. De entrada: la gestión del sector visitante es ya de por sí un contrasentido; quien en casa se sienta en tribuna no puede hacer lo mismo fuera. Pero, para castigar a los grupos violentos, hay otra opción: abrir los sectores visitantes a las familias. A menores de 14 años —incluso de menos; el corte puede fijarlo quien corresponda— y a un adulto acompañante. De aquí a final de temporada tendríamos estadios más bonitos, festivos y coloridos. Y no gradas visitantes vacías.



