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Por fin descubrimos que los árbitros no son robots "preprogramados"

Por fin descubrimos que los árbitros no son robots "preprogramados"TODOmercadoWEB.es
viernes 11 marzo 2022, 01:00Editorial
de Manuel Rodríguez
“Mientras exista el árbitro, el fútbol será impredecible”. (“El amor en los tiempos del fútbol”, El Gráfico, 1995).

Manifiesto que lo que van a leer a continuación tiene un valor testimonial, mágico, definitivo, notarial, excepcional, impagable, sorprendente, histórico, fuera de serie, principio y fin de un fútbol humanizado. Este artículo (Daniel Verdú, ELPAÍS, 24. enero.2022) hará mucho bien al fútbol: “Regla número 1 para infieles y árbitros: la verdad flota”. Y una conclusión impensada: “El colegiado del Milán-Spezia rompió a llorar tras reconocer un fallo que cambió el partido y los perjudicados le consolaron ante su insólita muestra de fragilidad”.

En mi último libro “¿Un nuevo corazón para el fútbol?” se deslizó una conclusión irrenunciable: “El Reglamento siempre ha estado en el origen de los grandes cambios en el fútbol”. Y todo porque dichas normas afectan a todos por igual, eso sí con un juez que debe juzgar por igual a unos y otros. Los árbitros, últimamente, han emprendido un camino “dudoso” en la manera de impartir orden y justicia, todo demasiado “opinable”, reglamentado con protocolos excesivamente condicionados. Recientemente, un árbitro mediático comparaba las palabras “agarrar” y “sujetar” queriendo interpretar intenciones y significados distintos (Todo a favor de su teoría para querer tener razón). Y ese pudiera ser el principio del fin de un fútbol normalizado y pedante.

Escribía Verdú: “Solo dos tipos de persona son capaces de negar la evidencia una y mil veces con tal de que la vida siga inalterada a pesar de haberla cagado estrepitosamente: los infieles y los árbitros. La máxima para los primeros aconseja desmentirlo “ad infinitum” caiga quien caiga. Para los segundos, la ilusión de infalibilidad, reforzada hoy por la pseudociencia del VAR, sostiene todavía la frágil magia del juego. Si un trencilla la pifia, el error no puede desvelar en ningún caso que es humano y víctima como cualquier mortal de los fallos que acechan algo tan delicado como la reputación personal. Funciona igual que la Santísima Trinidad, aunque en este caso sean cuatro, si contamos al que señala los cambios. Por eso fue tan extraordinario lo que sucedió el pasado lunes al final del Milán-Spezia”.

(…) “El novato Marco Serra, que arbitraba su noveno partido en la Serie A a sus 39 años, corrió hacia la línea de fondo y pitó falta a Rebic sin reparar en que la ley de la ventaja había permitido al rossonero Junior Messís anotar el tanto que daba la victoria al Milán en el minuto 92. Gol mal anulado. Los jugadores del Milán se lanzaron contra él como motos. Y el árbitro, que se había dado cuenta del error, no tuvo más remedio que excusarse avergonzado. El problema es que en la jugada siguiente, en el límite del 96, el Spezia marcó y cambió lo que habría sido una victoria rossonera por una derrota. Serra enfiló el túnel de vestuarios deshecho y rompió a llorar cuando llegó a su taquilla. Lo más sorprendente de la historia es que los jugadores del Milan, encabezados por Ibrahimovic, fueron a consolarle cuando vieron que se derrumbaba. Aunque les hubiera costado el partido. “Todos cometemos errores”, le dijeron”.

Imagínense la escena. Inaudita. Un árbitro humano, humanizado, humanoide, alienígena moderno de amplio espectro… “La historia recordará a algunos “millenials” a aquella moraleja distópica del “Robocop” de Paul Verhoeven. Un hombre que es capaz de sangrar por el costado, por muchos accesorios tecnológicos que lleve a cuestas, siempre será más humano impartiendo justicia que un robot. De modo que, frente al VAR, a esas líneas imaginarias del fuera de juego que nadie sabe cómo se trazan y a los pinganillos, ahí está la fragilidad en carne y hueso de Marco Serra, convertido en aquel policía llamado Alex Murphy que ponía en jaque el nuevo paradigma de seguridad en Detroit. Algo así vino a decir Stefano Pioli, entrenador del Milán, tras el encuentro: “El árbitro pidió perdón. Lo sentimos por la persona, se dio cuenta enseguida de su error y hay poco que hacer. Yo lo siento, pero perdimos los tres puntos”.