La sentencia del Bernabéu: la afición más exigente del mundo. Y si se pita incluso a Florentino Pérez...
La derrota en casa ante el Getafe no fue solo un traspié en la clasificación para el Real Madrid. Fue un ajuste de cuentas emocional. El Santiago Bernabéu dictó su veredicto, sonoro e implacable: pitos para todos, desde Álvaro Arbeloa hasta los jugadores, e incluso para el palco presidencial, con cánticos dirigidos a Florentino Pérez que llegaban a pedir su dimisión.
El ambiente fue de crisis mayúscula, aunque LaLiga no está matemáticamente perdida y aún queda la Champions en juego. Pero en la grada se respiró un adiós anticipado al título: el público protestó la primera tanda de cambios —en especial la salida del joven Thiago Pitarch— y no perdonó a Huijsen tras un error de bulto. Un Bernabéu tenso, nervioso, impaciente.
Y no es nuevo. Hace un año, incluso Carlo Ancelotti, el entrenador más laureado de la historia reciente del club, fue diana de los pitos en los momentos difíciles, como ya había ocurrido diez años antes, pocos meses después de llevar al equipo a la ansiada Décima. Es la paradoja madridista: una afición acostumbrada a la excelencia a la que le cuesta aceptar la normalidad del ciclo deportivo, los inevitables periodos de transición y, sobre todo, las derrotas.
Hoy Arbeloa paga resultados peores que los de su predecesor, Xabi Alonso, con una media de derrotas más alta y un grupo que aún parece frágil. Pero el asunto va más allá. En un entorno donde cada tropiezo se vive como una traición, resulta complicado construir un proyecto. La presión constante puede forjar carácter, pero también puede quebrarlo. El Real Madrid es, históricamente, un club que vive de una ambición extrema. Sin un mínimo de paciencia colectiva, ninguna idea llega a cuajar de verdad. El Bernabéu lo quiere todo y lo quiere ya.



