Atalanta, mucho corazón y desgaste en tres frentes. Ahora, a por el Bayern Múnich
El empate de Atalanta ante Udinese puede leerse desde varias ópticas que no se excluyen: ese 0-2 evitable, dos puntos que vuelan en clave Champions, el mérito de los chicos del míster Palladino para reaccionar y, por supuesto, una gran muestra de carácter tras el descanso pese a algunos apuros. La Dea es una especie de Rocky Balboa frente a Apollo Creed en la primera película: un boxeador capaz de aguantar en el ring con una tenacidad increíble, pero al que le pasa factura el cansancio. En pocas palabras, mucho corazón y energías muy justas.
Si la vida enseña a no temer lo inevitable, también está claro que los meses de febrero y marzo han sido de máxima exigencia para Atalanta: desde el partido en Como que rearmó al grupo hasta la Coppa Italia; desde el triunfo ante el SSC Napoli hasta el doble cruce con el Borussia Dortmund. Los compromisos encadenados han condicionado, inevitablemente, el rumbo de una Serie A que, conviene subrayarlo, ve al conjunto de Bérgamo siempre remando a contracorriente.
Por el camino, las numerosas lesiones en el momento menos oportuno obligaron al técnico a retocar zonas clave del campo: las ausencias de De Ketelaere y Raspadori pesan como losas en ataque, y el sobreesfuerzo de Ederson complica las rotaciones en la medular. Es cierto que el equipo ha sabido readaptarse, pero cuando escasean las alternativas, las dificultades asoman a la mínima.
Queda, eso sí, el carácter, ese ADN que ha empujado a Atalanta a tirar de corazón, como anoche. Ahora, el duelo contra el Bayern Múnich exigirá un esfuerzo extra, mental y físico. En el horizonte no solo asoma el parón de selecciones, también la posibilidad de escribir, una vez más, la historia.

