El entrenador de Schrödinger: Jürgen Klopp, el elegido de Riquelme
Enrique Riquelme ha lanzado su último órdago a las puertas de las votaciones en el Real Madrid. Un comunicado que sitúa a Jürgen Klopp como el gran deseo para el banquillo, bajo la batuta deportiva de Raúl González Blanco. La estrategia es tan vieja como el fútbol: ilusionar al socio con un nombre totémico a nivel mundial. Sin embargo, la cruda realidad convierte esta promesa en una quimera absoluta.
¿Por qué iba Klopp a comprometerse con Riquelme si hace apenas un par de meses dio largas al mismísimo Florentino Pérez? Si el magnetismo de la actual directiva, que ha demostrado sobradamente saber construir proyectos ganadores, no sedujeron al técnico alemán, lo cierto es que cuesta imaginar que una llamada telefónica el próximo lunes por parte de un recién llegado vaya a cambiar sus planes de vida de la noche a la mañana.
No existe ningún acuerdo
Además, los hechos contradicen por completo el relato de la candidatura. Klopp no solo ha reiterado públicamente que no siente ese picorcito necesario para volver a los banquillos, sino que actualmente se encuentra plenamente inmerso en su rol estratégico como Director Global de Fútbol en el ecosistema Red Bull. En cada una de sus apariciones recientes, el de Stuttgart se ha mostrado feliz, liberado de la presión mediática y tajante al desmentir cualquier deseo de volver a entrenar a corto plazo.
Prometer que se le "trasladará el proyecto" a Klopp no es un acuerdo; es una declaración de intenciones vacía. Vender humo con el nombre de uno de los mejores entrenadores del mundo puede acabar restando credibilidad en lugar de sumar apoyos de última hora. Y es que cuando te diriges a una masa social acostumbrada a la excelencia, como es el caso de la madridista, las utopías electorales suelen acabar mal.

