Mourinho y una decepción que duele más que ninguna otra
No voy a entrar en el acto cometido por Gianluca Prestianni porque, tal y como dijo Kylian Mbappé en zona mixta, no merece ni ser nombrado en esta sala ni en ninguna otra. En este sentido, y porque todo nos lo llevamos al terreno personal para estar más cómodos hablando de ciertos temas, me gustaría hablar de José Mourinho. Entrenador amado por prácticamente todos los jugadores que ha tenido bajo su mando, no estuvo nada acertado durante sus últimas declaraciones. El Real Madrid se llevó la victoria de Lisboa, pero con un coste moral muy alto, tanto por lo que significa el entrenador portugués para el club como para el aficionado.
Aquellos tiempos en los que Mourinho se erigió como un adalid de la verdad y la honestidad, especialmente para defender lo justo, ya han desaparecido. Y quizá, tan solo quizá, sea mejor para todos olvidarlos. O tenerlos en un cajón, bien guardados, solamente para recordarlos como lo que fueron: lo mejor que pasó a nivel emocional. Pero ya no están, y ni siquiera van a volver, aunque sea por última vez. Lo que tampoco va a cambiar fue la borrada monumental del portugués para no estar en el Santiago Bernabéu, ni tampoco las palabras de después echándole la culpa a Vinicius Jr de prácticamente todo.
Como siempre, las cosas cambian. La vida sigue y nosotros no paramos. Algunos elegimos seguir defendiendo filosofías y nombres para que no se olviden en la leyenda, mientras que otros, tristemente, se traicionan a sí mismos y a su legado.



