¡El proyecto de Pisacane ha despegado! Ahora el Cagliari tiene un alma que marca la diferencia
La teoría de los pequeños pasos puede ser peligrosa, pero hay que evaluarla en un marco global. El punto rascado en el "Tardini" ante el Parma no es solo un botín fuera de casa: es la certificación de una madurez que, si no está completa, al menos se ha acercado de forma sensible. Con el empate en el feudo parmesano, el Cagliari de Fabio Pisacane se va a 30 puntos en la tabla, un botín que habla de crecimiento constante, carácter e identidad recuperada.
Si hay un mérito que reconocer al míster, es haber contagiado al vestuario su misma garra de cuando jugaba. Y no es sencillo trasladar la propia personalidad a un grupo no siempre dispuesto a escuchar. El Cagliari de hoy no se descompone, sabe sufrir y golpear en el momento justo.
En Parma se vio una gestión del partido con cabeza: tras adelantarse con un golazo, de ejecución rocambolesca, del recién reincorporado Folorunsho, el conjunto sardo no padeció el arreón del Parma, sino que pensó y compitió, señal de un equipo que conoce sus armas y cree en el plan táctico de su entrenador. El empate de Oristanio llegó con fortuna, fruto de un rebote.
Treinta puntos a estas alturas del campeonato son el resultado de una defensa que ha encontrado su equilibrio y de un centro del campo que sabe cerrar y lanzar transiciones. Pero, sobre todo, es el alma del equipo lo que marca la diferencia. Pisacane ha sabido mezclar la experiencia de los veteranos con la exuberancia de los jóvenes, creando un sello identitario que refleja a la perfección el espíritu de un equipo que tiene que pelear por mantener la categoría: resiliencia y orgullo.
Con la barrera de los 30 superada, veremos a un Cagliari que puede y debe atreverse. La salvación, objetivo prioritario, ya se perfila como una base sólida sobre la que construir algo más ambicioso. El crecimiento de varias piezas y el tono físico mostrado en Emilia invitan a pensar en un tramo final donde los sardos puedan jugar de tú a tú ante cualquiera. El "proyecto Pisacane" ha despegado.
Ahora, con el empuje de su gente y una clasificación que sonríe, el Cagliari tiene la obligación de seguir soñando, partido a partido. Porque 30 no es solo un número: es también una barrera a cruzar para planificar mejor el futuro. Y el futuro inmediato tiene forma de Como. El Cagliari deberá intentar llevar la iniciativa, mandar con balón y, sobre todo, ser letal en las pocas que conceda un Como tan compacto. Se espera una circulación envolvente, explotando las bandas, especialmente por la derecha con Palestra, para derribar el fortín visitante.



