Las pifias del Madrid con jugadores brasileños
Han sido varios los jugadores brasileños que llegaron al Madrid bajo el aura de ‘superestrellas’. Sin embargo, no todos ellos han cumplido con las expectativas. Robinho, Cicinho, Emerson o el mediático Kaká son algunos de los ejemplos.
Algunos de los futbolistas brasileños que han pasado por el Real Madrid no han cumplido con las expectativas que se esperaban. Robinho llegó al Madrid como uno de los delanteros más prometedores de Brasil. Es cierto que su calidad y desparpajo deslumbraron al madridismo en varios partidos, pero su inmadurez e irregularidad no le permitieron llegar a dar lo que se esperaba. En tres temporadas y media tan solo marcó 25 goles. Vitor fue otro jugador que llegó al Bernabéu como el sustituto al fichaje frustrado de Cafú y tan solo jugó tres partidos. Ze Roberto venía como uno de los jugadores más desequilibrantes, pero tras dos temporadas y unos paupérrimos números puso rumbo a la Bundesliga.
Flavio Conçeiçao llegó para reforzar el centro del campo junto a Makelele. El galo cumplió, pero el brasileño no. Baptista había sido uno de los jugadores más destacados en los triunfos del Sevilla. Sin embargo, no contó con la continuidad y confianza necesaria en el Madrid, aunque no fue un caso tan malo como los anteriores. Los errores de Ricardo Rocha lastraron su carrera en el conjunto blanco. La afición nunca le perdonó sus goles en propia puerta.
Tampoco Cicinho terminó de adaptarse a las exigencias del Madrid. Tan solo una brillante actuación en un encuentro copero contra el Zaragoza destaca en su etapa blanca. Otro de los casos llamativos fue la relación de Emerson con la grada, que nunca fue buena, incluso llegó a encararse con la afición del Bernabéu. Capello sentía debilidad por el ex de la Juventus, pero su juego tosco y su edad no le permitieron triunfar. El último caso, y el más llamativo fue el de Kaká. El mediocentro llegó como uno de los mejores jugadores del mundo a cambio de 60 ‘kilos’, pero vivió una auténtica pesadilla en el Madrid. De hecho, algunos le consideran el peor negocio de los blancos en su historia.

