CRÓNICA: 'Manita' contra los pitos
El Real Madrid inicia su defensa del título de Liga de Campeones con una goleada en casa frente al débil Basilea en un partido marcado por los silbidos recurrentes que de nuevo volvió a escuchar Casillas. Nacho, James, Ronaldo, Bale y Benzemá fueron los goleadores.
Ni la goleada espantó el plebiscito en que se ha convertido el Bernabéu cada vez que toca el balón su capitán. Es el coso madridista como una academia de la lengua con síntomas de TOC. Solo desde el síndrome del académico se explica la lentitud de reflejos en constatar la defunción futbolística de su portero, empeñada como estaba la grada merengue en mirar al dedo cuando los sabios del banquillo señalaban al cielo; y solo desde la tendencia a la obsesión se entiende la obstinación en reiterar la censura cuando este toro está ya tan pasado que le ha dado tiempo a dejar víctimas colaterales tan poco despreciables como Xabi Alonso o Diego López.
Mientras los pulgares de la grada se enzarzaban en su particular batalla de arriba y abajo, el Madrid respiraba aliviado al ver la enjundia, o falta de ella, del rival que tenía delante. El Basilea no venía dispuesto ni a colgar balones como si no hubiera mañana ni a encerrarse atrás para solaz del proletariado, y el primero que lo agradeció fue Cristiano, que celebró su emancipación de las triples coberturas moviéndose a sus anchas por la banda derecha, desde donde se le vio driblar, centrar y disparar con cierto peligro.
Nacho abre la veda
La gran novedad de la alineación de esta noche fue la inclusión de Nacho en el lateral derecho. El canterano desplazó del once a Arbeloa, a quien se le intuyen desencuentros con Ancelotti que, de ser ciertos, llevan encima un gran signo de interrogación, pues el lateral fue uno de los pocos que se salvó de la abulia defensiva en el derbi.
Espoleado por la ilusión de su estreno en esta temporada, Nacho dejó la banda derecha plagada de testosterona. Cada incorporación suya revolucionaba el ataque y acababa casi siempre en centros pasados; aunque tanto empuje se acabó agradeciendo, no obstante, en la jugada que abrió el marcador del partido: una combinación con James por la banda derecha que finalizó con un furibundo disparo del lateral que su defensor acabó desviando a gol con el pecho.
El colombiano también fue uno de los nombres propios de la goleada ante los suizos. Aún no se reconoce en él a aquel portentoso jugador que se echó a su selección a las espaldas en el Mundial en el que rozaron el Maracanazo, pero un par de balones filtrados con marchamo de gol, salpicados con alguna que otra carrera hasta el balcón de su propia área delata su progresiva comprensión de lo que de él se espera. También es de suponer que refuerce su moral la autoría del cuarto gol, que llegó apenas seis minutos después del segundo, obra de Bale tras un sombrero al portero, y cinco después del tercero, de Cristiano en boca de gol a pase del galés desde la derecha.
Pero si hay algo que el Madrid disfruta más que de las goleadas es de los renglones torcidos. Con un rival al que no le daban los brazos para achicar agua, el equipo blanco concedió la estridencia de encajar el 4-1 al contragolpe; y el gol sirvió para poner nombre a un futbolista, Derlis González, al que de otra manera no hubiéramos recordado por más que su peinado.
Bajón blanco
El gol del Basilea enderezó de pronto el tablero y al Madrid se acordó lejanamente de San Sebastián a fuerza de percusiones suizas, que fueron muchas y variadas. Para su fortuna, su renta duplicaba la que llegó a disfrutar en Anoeta y el rival tampoco atinó cuando debía. Tuvieron la deferencia los suizos, tan alérgicos son ellos al conflicto, de hasta encumbrar al capitán blanco después de una cantada monumental de Varane, al que Ancelotti le había concedido casi media hora de rodaje en detrimento de Ramos. Derlis González se quedó solo delante de Casillas y optó por fusilar al centro y a media altura, demostrando un desconocimiento profundo de las virtudes de su rival y concediéndole la excusa para que recordara vagamente al portero que un día fue.
Se enfilaba ya el último tercio del partido y los que habían apostado por enésima vez al fin de la sequía goleadora de Benzemá maldecían su suerte cuando el francés enganchaba un zurriagazo que sellaba la manita. Y, como si le poseyera el espíritu que se apodera de todas las madres que persiguen a sus hijos para que se beban el zumo antes de que se vayan las vitaminas, Ancelotti retiró a Benzemá justo después del gol, en la esperanza de reconvertir en aplausos los silbidos que también había escuchado el francés en varias fases del partido. La maniobra se demostró, no obstante, inútil por la antedicha tendencia del Bernabéu a la obstinación.
No hubo, eso sí, más rebelión rival a partir del quinto. El Basilea se resignó a su suerte de víctima propiciatoria y el Madrid no quiso darle más vueltas al problema. El que todavía lo tiene, desde luego, es Ancelotti.
REAL MADRID 5-1 BASILEA
Real Madrid: Casillas; Nacho, Pepe, Ramos (Varane, 66'), Marcelo; Kroos, Modric (Ilarra, 74'), James; Ronaldo, Benzema ('Chicharito', 82'), Bale.
Basilea: Vaclik; Suchy, Schär, Samuel (Kakitani, 64'); Xhaka, Elneny, Frei (Delgado, 83'), Safari; González, Zuffi, Streller (Embolo, 73').
Goles: 1-0, Shuky p.p 14'; 2-0, Bale, 29'; 3-0, Cristiano, 31'; 4-0, James; 36'; 4-1, Gonzalez, 38'; Benzema, 5-1, 79'.
Árbitro: Damir Skomina (Eslovenia). Amonestó a Elneny (55'), Samuel (60'), Pepe (85'), Xhaka (91').
Incidencias: Partido correspondiente a la primera jornada del grupo B de la Liga de Campeones. Encuentro disputado en el Santiago Bernabéu (Madrid).

