Raúl Álvarez: "Ganar al Madrid sería una utopía, si tenemos los pies sobre el suelo"
La competición de la Copa del Rey dará comienzo esta semana con el partido entre el Real Madrid y la Cultural Leonesa. Un partido que no se repetía desde hace 61 años. Es por ello que Raúl Álvarez, jugador por entonces del conjunto leonés, ha querido recordar en el diario AS cómo fue aquel primer encuentro con el club blanco.
La única vez la Cultural en Primera
"Una cosa alucinante. Hablamos de hace 60 años. No es lo de ahora. ¡Ni tele había! Yo con 18 años jugué en Primera y no había visto un partido de Primera en la vida".
Comienzos envidiables
"Sí (ríe) pero porque el Alavés era como nosotros... También ganamos al Celta 4-1 y empatamos al Valencia. Pero al Real Madrid no, por ejemplo".
La visita del Madrid
"Una conmoción. Venían autocares, venían trenes, venía gente de todas partes. Todos querían ver a la Leonesa contra el Madrid, ver a los monstruos aquellos. Como creo que será ahora. Está todo el mundo revolucionado con el partido de la Copa·.
La deseada victoria de la Cultural Leonesa
"Eso sería una utopía si tenemos los pies sobre el suelo. Lógicamente un partido de fútbol es un partido de fútbol, pero creo que sería un milagro. Eso sí, si yo tengo que rezar un Padre Nuestro o un Ave María lo rezaré...".
El primer partido contra el Madrid
"El Madrid era infinitamente superior, con dinero y un estadio fenomenal. ¿Cómo iba a equipararse la Leonesa? ¡En nada! Nosotros sólo teníamos una equipación. Gracias que entonces no te agarraban, si no hubiéramos tenido que jugar con nuestras propias camisas... ¡Si aquel año de Primera usamos cuatro balones en toda la temporada! ¡Cuatro! ¡Fíjese!"
Un gran Real Madrid
"¡Nada! En aquel Madrid jugaban Gento, Muñoz, Di Stéfano... E irradiaban algo. Yo no sé decirte qué es. Pero así era".
El respeto a Di Stéfano como jugador
"¡Cómo no! Era el súmmum, un iluminado. No jugaba en punta, lo hacía en todas partes. Por eso le llamaban la Saeta Rubia. Tenía una velocidad... Yo me acuerdo, aquel día, me quedé mirándole, extasiado, y pensé: 'Este paisano es de otra galaxia...'. Lo era. Él cambió el fútbol en España".
Cómo parar a Di Stefáno
"Nada. No se le podía marcar. O le ponías grilletes o un perro gorilero detrás todo el partido o imposible. Volvía loco a todos. Y eso que al jugar en la Puentecilla partíamos con una ligera ventaja".
Su ventaja
"¡El frío de León! Mire la foto, mire... Ellos estaban ateridos. Siempre. En invierno, a las botas, había que meterles algodón encendido en alcohol para poder ponértelas..."
Los estadios más impresionantes
"El Bernabeú. Y Mestalla, fíjese. Recuerdo verlo y decirle a mis compañeros: '¡Nosotros aquí, en este prao, no vamos a saber jugar!' Yo no supe lo que era jugar en la hierba hasta que no tuve ya casi 18 años. La primera vez que pisé el campo nuevo de la Cultural lo dije: 'Yo aquí hubiera sido internacional...'. Sí, sí. Yo y mucha gente de León".
Los mejores futbolistas a los que se enfrentó
"Los dos mejores que yo he visto en mi vida han sido Di Stéfano y Kubala. Porque Kubala era otro monstruo. Yo le he visto coger la pelota y dar la vuelta a Les Corts, pam, pam, sin que se le cayera el balón al suelo. Le daba con el hombro, la cabeza, se sentaba... Un malabarista. ¡Es que había unos jugadores entonces...! Eran más técnicos. Fíjese cómo le daba Puskas al balón con la izquierda. Con aquellos balones, pesados, durísimos, tremendos... ¿Qué haría con los de ahora entonces? ¡Rompería las porterías!".
Encontronazos con Marquitos
"¡Vaya si peleé! La de encontronazos que tuvimos. Trataba de coaccionarme. Me decía: '¡Si eres un niño...!'. ¿Pero yo qué hacía? Entrar más fuerte. No le tenía miedo a nadie. Si le cuento lo de Amancio...".
Amancio, un rival movido
"Fue en Riazor, en Segunda. Empatábamos 2-2 a cinco minutos del final. Falta al borde del área, yo coloco el balón, es gol. El partido acaba y, como yo era un descarado, grité: 'Ala, ahí os queda el recao'. Amancio vino y me pegó un tortazo. Yo eché a correr detrás de él y, mira que era rápido, pues le eché mano y le metí dos castañazos... Se me echó toda la gente encima. Al llegar a la caseta me esperaban 20 personas para pegarme. Me dejaron desnudo. Me arrancaron camiseta, pantalón... Pero sólo uno logró darme una patada, en la rabadilla: estuve un mes sin poder sentarme".

