Ángel Antonio Herrera: "El Real Madrid alivia la melancolía de los domingos"
Ángel Antonio Herrera rindió una oda a Madrid en la que no podía faltar el ilustre conjunto blanco. El periodista de ABC repasó los distintos lugares que dotan a la capital de su belleza característica, sin olvidarse de la majestuosidad del Santiago Bernabéu. Un coliseo que alberga la ilusión de los madridistas tras el fin del verano.
El encanto de Madrid en agosto
"No diré que la vuelta al tajo es el odio a Madrid, pero casi, si uno suelta hoy el reojo alrededor, y pone oído a la cháchara del regreso vacacional. Se cumple de nuevo el lema insuperable de Muñoz Molina, a propósito de esta ciudad: 'A Madrid le puedes echar la culpa de todo'. Unos, hoy, la maldicen, pero hay que reverenciar a Madrid, que es noble y sucio, y hasta un poco moro, según el diagnóstico de Gómez de la Serna. Fue el propio Gómez de la Serna quien señaló el mes de agosto como mejor mes de Madrid, pero el gentío hace el hatillo, porque aquí no hay playa, y porque no hay quien aguante un agosto en Madrid, cuando lo que no hay quien aguante, casi, es un agosto sin Madrid".
El Real Madrid devuelve la ilusión a la ciudad en septiembre
"Las tiendas de gafas se han comido los cines de Gran Vía, pero la Gran Vía es aún la Gran Vía, donde lo tienes todo resuelto, a cualquier deshora, desde la compra de un fular al alterne con valquirias solitarias, en café como museos, empezando o acabando por Chicote. En Madrid empieza a cada rato una novela, sólo que a veces la novela nos incluye, y a veces no. A Madrid regresamos con cabreo, pero también puede volverse con el asombro apasionado del peatonaje cualquiera, bajo la ilusión siempre pendiente de hacer todo el picnic de tapeo de la Cava Baja y a ir al Bernabeu, porque el Real Madrid alivia la melancolía de los domingos".
El Bernabéu, otro monumento madrileño que brinda su belleza a Madrid
"El Bernabeu es otro Museo del Prado, sólo que al revés. Tenemos Madrid pendiente, pero Madrid no es un cabreo, sino un show. Ahí está el Joy Eslava, para maniquíes equívocas, y ligones de catálogo, y luego tenemos los desmontes de la Ciudad Universitaria, donde juegan al amor las ninfas de botellón. Entre una cosa y la otra está la Puerta del Sol, donde el personal hace cola para un selfie en la baldosa del kilómetro cero, y se cita a la sombra del Oso y el Madroño, para cumplir una adiós, o una bienvenida. El Oso y el Madroño están ahí, de testigos de estatua, viendo cómo la gente se anuda o se separa, viendo cómo la Puerta del Sol es un puerto con reloj de campanario, donde van y vienen las gentes en el ceremonial emocionante de conocerse o despedirse".
Los madrileños deben viajar más a su ciudad
"Madrid sostiene, incluso, un nutrido y casi secreto menú cultural. Y digo casi secreto porque el vicio de la cultura es un vicio solitario y minoritario, que a veces se hace populoso y municipal, por énfasis de los mandas del Ayuntamiento, por algarabía del vecindario, y por alegre participación de artistas de vitola diversa. Lo que pasa con Madrid es que Madrid no nos deja ver Madrid. Los madrileños tenemos que viajar más a Madrid, que queda tan lejos, estando tan cerca. Sabina lo cuenta de otra manera: 'En Madrid, un atasco a mediodía es una putada. Pero de madrugada, un atasco es poesía'. Pues eso. Bienvenidos".

