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SONDAGGIO
¿DEBE EL FC BARCELONA INTENTAR DE NUEVO LA CONTRATACIÓN DE GRIEZMANN?
  SÍ
  NO

"El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que
24.05.2018 00.56 di Manuel Rodríguez   articolo letto 3060 volte

El eterno debate sobre el mejor fútbol posible siempre estará vigente. Nada es químicamente puro, habrá aspectos, situaciones, jugadas concretas, partidos de antaño que fueron muy buenos, pero, en la actualidad, hay partidos muy interesantes, evolucionados, muy mejorados respecto a los del ayer. Pero me resisto a aceptar que lo bueno, o lo malo, es temporal (Ahora es peor; antes era mejor) cuando la propia evolución del fútbol siempre se construyó a partir de lo anteriormente experimentado. Alguna vez ya apunté cómo los atletas, si no fueran evaluados de vez en cuando con un cronómetro o una cinta de medir, la memoria tiene tal capacidad de idealización que podría aceptar que los deportistas de antes eran mucho mejores que los de ahora a pesar de que los actuales superen marcas con mejores consecuciones, restándoles a los anteriores bastantes décimas de segundo en las carreras, o centímetros en los diversos saltos. En el fútbol actual, los aficionados y periodistas tienden a señalar que “Fulano de Tal” es el mejor portero del mundo; o el mejor central del mundo; o el mejor centrocampista del mundo; o el mejor delantero del mundo, cuando normalmente se conocen limitadamente a los equipos de una Liga en concreto, pero no de todas, es un auténtico atrevimiento sin fundamento asegurar aquello del “mejor” en ningún especialista. No digamos cuando pretendemos hacer comparaciones odiosas y llegamos a asegurar sin que nos tiemblen las manos que “no ha habido otro fuera de serie” como “Mengano de Cual”. Porque apenas se tienen referencias mínimas de futbolistas que jugaron en otras épocas y exhibieron una gran calidad y un máximo nivel cuando menos equivalente con los actuales. Sin duda, esta es una de las pugnas más indescifrables del fútbol donde todo el mundo opina sin demasiado sentido, asegurando con el máximo desparpajo sobre “verdades absolutas” de difícil comprobación.

Eduardo Galeano aseguró en su inestimable libro “Fútbol. A sol y sombra”: “No tengo nada de original porque, como se sabe, en mi país las maternidades hacen un ruido infernal porque todos los bebés se asoman al mundo entre las piernas de la madre gritando gol. Yo también grité gol para no ser menos y como todos quise ser jugador de fútbol”. Y seguía soñando: “Siempre jugué muy bien, la verdad maravillosamente bien. Era el mejor de todos, pero sólo de noche mientras dormía. Durante el día, hay que reconocerlo, he sido el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país”. La cuestión más tenebrosa es que muy pocos aficionados reconocerán que no saben de fútbol. Por eso Galeano insistía: “Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cual es el club o el país que me lo ofrece”. Por supuesto, también me adhiero a esa idea mágica poco practicada: “Cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cual es el club o el país que me lo ofrece”. ¡Amén! Sin entrar a valorar ni a comparar, la reflexión es casi definitiva: “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”. Y según avanzamos en el tiempo, puede estar ocurriendo esta auténtica verdad: “El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en esta agua hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua”. Con todo ello, el escritor culmina: “Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”. Así será…

En mi primer libro, “La Ignorática y el fútbol”, ya escribí una síntesis entresacada del libro del periodista francés Jean Philippe Retacker, “El fútbol”, sobre un “Diálogo entre el fútbol antiguo y el moderno” teórico. Y con distintos argumentos manejados por los partidarios de uno y de otro, llegué a la conclusión evidente de que el fútbol es maravilloso, ilusionante, intemporal, irrenunciable… Y culminaba yo aquel capítulo: “Me parece que hay razones contundentes en el diálogo anterior para afiliarse a lo mejor de cada uno, no en vano en eso consiste la evolución del fútbol en cualquier época”. Por tanto, ya en 1963 (Más de 55 años) el debate estaba ahí… Ahora he descubierto el libro de Jorge Barraza. “Fútbol de ayer y de hoy”, en el que incide en la misma idea con nuevos argumentos dignos de reflexión: “Fútbol era el de antes… Con frecuencia exhumamos una anécdota deliciosa(es deber del periodismo no dejar morir ciertos testimonios) de Jorge Brown, el prohombre del fútbol argentino entre 1890 y 1911. Fue el Maradona de la prehistoria y estrella suprema del Alumni, el legendario equipo de los hermanos Brown que logró por primera vez vencer a los clubes ingleses que todos los años llegaban de gira al Río de la Plata. Jorge Brown fue el antecesor de Pedernera, de Batistuta, de Kempes.Era zaguero y, a veces, centrodelantero. Como defensa tenía una jugada que enloquecía a las multitudes. Cuando le tiraban un pelotazo largo a un delantero rival, Jorge Brown - apareado al contrario - corría en dirección a su arco a toda prisa, ganaba en velocidad, alcanzaba la línea de la pelota, la superaba y entonces... se daba vuelta súbitamente, quedaba de frente a la bola y le daba un tremendo patadón, rechazándola bien lejos y alejando el peligro. La gente deliraba por... “eso”. Nada de pararla con el pecho, amagar y salir jugando. Pero está bien, respetemos los tiempos, era lo que había. Y gustaba. Muchos años después de su retiro - en 1929 - se disputó la Copa América en Argentina y Don Jorge, figura prominente de la comunidad británica de Buenos Aires, fue invitado a dar el puntapié inicial en la vieja y famosa cancha de San Lorenzo. En la revista “El Gráfico” aprovecharon para entrevistarlo y le preguntaron si seguía yendo a ver partidos. El inglesote respondió tajantemente, casi con desprecio: “Noooo, fútbol era el de antes”. ¿Cómo “el de antes”? ¡Si en su época el juego estaba dando los primeros pasos...! Era un bebé que despertaba a la vida. Aquella frase de Brown entró en la antología. Como esa otra que venimos escuchando desde que empezamos a ir a la cancha de la mano de papá o del tío: “El fútbol se muere”.

¿Cuántas veces habremos escuchado parecidos argumentos? Personalmente, comparto muchas de las soluciones que se adoptan en los partidos de fútbol que se disputan hoy en esos campos de Dios, aunque discrepo de otras muchas acciones individuales y colectivas, como si estuviera asistiendo a un partido de infantiles. Pero esa actitud siempre la tuve desde que tengo uso de razón, por tanto, llevo más de sesenta años asistiendo a las mismas incoherencias. Barraza siguió escribiendo:“Pero ocurre que en el momento en que este vaticinio se torna más frecuente... aparece Messi. Y los estadios se llenan, y el Mundial es el gran espectáculo universal, y el marketing y la publicidad le acercan como nunca al fútbol sumas millonarias. Si lo revisara un médico diría todo lo contrario: “No tiene nada, está perfecto y va a vivir muchos años”. Acaso más enfático que Brown fue Harry Preston, considerado un experto del juego, quien en el semanario inglés “All Sports”, en 1923, vertió esta opinión, reproducida por el FIFA News de octubre de 1990: “El deporte va por senderos erróneos. Sin dudar en absoluto, digo abiertamente que el grande y arrogante fútbol ya no es tan bueno como era antes. Lo malo es su monotonía. En la actualidad cuenta con muchos menos jugadores sobresalientes. Naturalmente, siempre hay grandes figuras, pero cuando se consideran los equipos en conjunto, entonces el espectador tiene la impresión de la medianía. El fútbol association no es hoy un juego que requiere habilidad, sino que ha degenerado, en lugar de recreo para fans, en un asunto sumamente peligroso. La explicación es que la demanda de buenos jugadores sobrepasa la oferta. La causa principal de esa escasez reside en que se presta poca atención al desarrollo de la “materia prima”. Prescindiendo de pequeñas excepciones, en ningún lado se piensa en enseñar a los jugadores cómo deben controlar el balón”. Cuando Preston lo dijo, decenas de asociaciones y miles de clubes de todo el mundo ni siquiera habían sido fundados. Pasaron 91 años de su oscuro vaticinio, pero tiene una asombrosa similitud con actuales declaraciones de exfutbolistas o personas vinculadas al fútbol”.

Según Mark Twain, “Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste, que por las cosas que sí hiciste. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisos en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”. Por tanto, valoremos siempre la actualidad futbolística tal como se produce y disfrutemos de lo que nos gusta; aquello que nos desagrada tendremos que criticarlo, pero sin comparaciones odiosas, lo que está mal está mal, antes, ahora y en el futuro. Cada cuatro años se pone a contribución un “Mundial” y ese sería el momento de rendir cuentas. Allí se presentan las mejores Selecciones, los mejores jugadores (salvo excepciones), los mejores árbitros, las mejores tácticas contrastadas por excelentes entrenadores, y de nada sirve hacer mención a otros aspectos ya pasados que no volverán… Lo mejor siempre es lo presente… “Un gran error es arruinar el presente, recordando un pasado que ya no tiene futuro” (Anónimo).


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