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ESTAR ENAMORADO DE LA CAMISETA

ESTAR ENAMORADO DE LA CAMISETA

Su nombre es de dibujos animados, Oliver. Y su apellido es historia rojiblanca, Torres. Campeón de Europa Sub-19 y joya de la corona atlética, Oliver Torres se ha convertido en el nombre de moda del fútbol español, junto a Jesé Rodríguez o Gerard Delofeu, como grandes estrellas del futuro. En el caso de Oliver, sus condiciones técnicas le conceden aún más garantía de éxito que en el caso de sus citados compañeros. Él no depende de su velocidad, de su potencia o de su capacidad para el uno contra uno. Oliver pertenece a un selecto club: el de los organizadores de juego. Tiene regate y buen disparo, pero su mejor cualidad consiste en saber proteger la pelota como si fuera un diamante, para ofrecerla siempre en las mejores condiciones y al compañero mejor colocado. Es un distribuidor perfecto, no abusa de la conducción y siempre elige bien.
 
Si sigue centrado, si tiene los pies en la tierra y tienen con él la paciencia necesaria, será el futuro Von Karajan rojiblanco. Un director de orquesta, un centrocampista ideal. El cerebro del que carece el Atlético desde hace veinte años, porque los ilegítimos dueños del club fichan lo que conviene a su negocio, no lo que el equipo necesita. De ahí que Simeone, que sabe que se quedará sin Diego, haya decidido contar con Oliver Torres cuanto antes. Es la nueva esperanza. Quién sabe si su historia será como la de Fernando Torres: que llegó, que jugó en el primer equipo, que fue un ídolo y que fue vendido por los que dijeron que nunca le venderían. Quién sabe si su historia será como la de Cedric: que llegó, que apuntaba a ídolo, que nunca tuvo chance en el primer equipo y que fue vendido por los que dijeron que la gran apuesta del club era la cantera.
 
Oliver Torres no es el único nombre que brilla en la cantera rojiblanca. Hay más: Saúl, Manquillo, Dani Márquez, Lucas. Ellos deberían ser el futuro del Atlético. Sin embargo, más allá de sus condiciones futbolísticas, lo que ilusiona a los aficionados rojiblancos es el  hecho de saber que estos chicos, esta generación dorada, forma parte de la identidad de su religión, la colchonera. Estos chicos, como en el caso de Oliver, saben qué se siente después de una derrota en el Manzanares; conocen la sensación de rebeldía contra el poder establecido, se han sentado en primera fila de patio de butaca del Calderón. Ese es el valor añadido de estos aspirantes al primer equipo: ser hinchas de ese equipo. No hay nada comparable con estar enamorado de la camiseta que se defiende. Una sensación que no comprenderán jamás los gestores del Atlético. Llevan ahí 25 años vendiendo a todo aquel que está enamorado de las rayas canallas de los colchones con el único fin de seguir perpetuando su negocio. Han entrado en el Atlético, pero el Atlético jamás entrará en ellos.

domingo 12 agosto 2012 00:00Editorial
de Rubén Uría
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