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El fútbol se juega mejor de lo que se piensa (I)

El fútbol se juega mejor de lo que se piensa (I)

“La clave para absolutamente todo es tener altas expectativas”. (Sam Walton).

Quizás los más prosaicos aceptemos la filosofía de Edgar Morin cuando asegura que “El fútbol es poesía colectiva”. Porque esa capacidad de encontrar la rima perfecta solemos adjudicársela solo a los elegidos, desde luego no es fácil, pero hasta los equipos en descenso suelen practicar muy buen fútbol, otra cuestión es que no gane porque hay otros mejores que ellos. Otros artistas como Dimitri Shostakovich, músico, aseguró que “El fútbol es el ballet de las masas”. Buscando antecedentes, vimos que su música mostraba diversas influencias de compositores a los que admiraba: Bach, Beethoven, Mahler, Berg… Mezclando tanto lo mejor de ellos, respectivamente, como especialistas de las fugas, de los cuartetos, de las sinfonías o de los códigos musicales… Se asegura que Shostakovich utilizó series dodecafónicas, variando sus propuestas a lo largo de los años, pero, ya digo, en general supo beber de fuentes diversas para elaborar su propia música… Al margen de cualidades, corrientes e influencias, cuentan del maestro que el deporte era una de sus principales distracciones si estaba de buen humor, aunque prefería quedarse como espectador o como árbitro para participar (era árbitro de fútbol calificado), igual que disfrutaba del ajedrez y los juegos de cartas, particularmente el solitario. Y con su especial sensibilidad, fue capaz de emitir ese juicio singular sobre el fútbol como “ballet de las masas”, al que nos podemos adherir la mayoría asegurando que unos y otros hemos podido impregnarnos de las mejores vertientes futbolísticas a lo largo de nuestras vidas futbolísticas.

“Todo arte debería tener un cierto misterio y debería plantear ciertas demandas al espectador. Darle a una escultura o a un dibujo un título demasiado explícito quitas una parte de ese misterio. Entonces, el espectador continúa con el siguiente objeto, sin hacer el mínimo esfuerzo por pensar el significado de lo que acaba de ver”, según el escultor abstracto Henry Moore. Cuando vemos el fútbol, nos sentimos muy seguros aventurando el dibujo de unos u otros equipos sin darnos cuenta que esa no es la esencia, sino las misiones definidas por unos y otros además de su ejecución práctica. Es muy fácil afiliarse a los equipos que ganan en un momento determinado porque se piensa que esa fórmula es la ganadora por siempre. Esos ciclos suelen repetirse, quizás la velocidad actual es mucho mayor que en otras épocas precisamente porque los medios de comunicación facilitan la transmisión, aunque muchas veces se pierden en la hojarasca de las cosas sin profundizar en la esencia del fruto.

¿Tiene algo que ver el Barcelona de Guardiola con el Bayern de Münich o el Manchester City de Pep? Apunté en su momento que hay fundamentos básicos en la mente del entrenador que no se pueden diseccionar en función del lugar, pero es que los tres equipos tenían jugadores distintos y, lógicamente, había que gestionar la diversidad de todos ellos. Quizás ese puede ser uno de los grandes méritos en el tiempo que ejerció el entrenador. De ahí que nos expliquemos mejor por qué Guardiola no pudo ganar la “Champions” con el Bayern o la dificultad que tuviera en el City para obtener títulos el primer año en la “Premier”. Los equipos disponen de muchos más fundamentos tácticos, tienen más elementos de juicio sobre los contrarios porque los sistemas de observación se ampliaron en gente y tecnología, los vídeos echan humo antes de un partido de tanto seleccionar virtudes y defectos del contendiente, y los entrenamientos propios se han perfeccionado fundamentalmente en el orden técnico-táctico.

Me acuerdo de mi equipo de Tercera División al principio de los años ochenta, mi equipo de trabajo era un masajista doctor en medicina, un utilllero y “Juan Palomo”, o sea, hacía de hombre orquesta manejando lo físico, lo técnico, lo táctico, lo estratégico, lo mental, lo motivacional, y lo disciplinario… Mis informes de los equipos contrarios eran casi inexistentes, por razones obvias, salvo mis propias observaciones que por eso las segundas vueltas mis equipos eran mejores, leía algún recorte de periódicos que eran poco explícitos en lo táctico y que me orientaban sobre las alineaciones tipo. Por ello, mi equipo siempre jugaba olvidándose del contrario y sus potencialidades, aplicando las propias exclusivamente. Aplicábamos nuestras fórmulas “mágicas” de jugar siempre al ataque con las ideas del “Pressing Football” tomadas del holandés Rinus Michels y el rumano Stefan Kovacs. Un fútbol utópico que nos dio resultado. Está claro que los medios puestos a contribución para un mejor rendimiento son mucho mejores en esta época, cualquier equipo de Tercera división ya tiene sus analistas y algunas imágenes grabadas de partidos jugados. En su consecuencia, el fútbol es más analítico, más coordinado en equipo, menos racial seguramente, pero más eficiente en ataque y defensa con jugadores que dominan mucho mejor el móvil-balón.

En estos días leí el libro “¡El mundo va mucho mejor de lo que piensas!”, de Jacques Lecomte, una aproximación a una idea poco valorada en los tiempos que corren. De sus reflexiones positivas incorporo al fútbol muchas de ellas, porque el fútbol no evoluciona hacia la catástrofe ni siquiera por el hecho de que aparezcan esas batallas fuera de los campos y, dentro de ellos, de los “hooligans” pendencieros. Los reglamentos y las normas funcionan a favor de un fútbol más seguro y con menos fallos arbitrales como puede ser el caso de la última incorporación (VAR); se están incorporando a la afición por el fútbol a muchas mujeres que antes no participaban del espectáculo; ni siquiera jugaban como ahora mismo comienzan a destacar; la mayor participación de equipos en Campeonatos europeos y mundiales incorporan al fútbol de competición a más equipos que antes no participaban con un mínimo nivel… Y como Nelson Mandela decía: “He descubierto este secreto después de haber trepado hasta lo alto de esta colina, todo lo que he visto es que detrás hay muchas más colinas que trepar”. Por supuesto, así se debe entender el fútbol y su competición, ganar no es suficiente porque a los pocos días aparece otro partido con otros equipos competidores que desean ganarte a ti. Sin duda, acechan los profetas de la desgracia en el fútbol.

Es verdad que sigo viendo fallos tácticos, tanto individuales como colectivos, que rozan lo infantil. Pero es posible que nos fijemos excesivamente en los grandes temas y nos olvidemos de los detalles que forman parte fundamental del juego: Marcajes inexistentes en saques de banda; saques de esquina de dos delanteros contra un solo defensa; barreras defensivas que dificultan al propio portero pero apenas se realizan barreras ofensivas precisamente para entorpecer; saques de falta frontales y posicionamientos defensivos demasiado adelantados que favorecen los remates de los contrarios; vigilancias defensivas en saques de esquina situando al “defensa más lento” en el marcaje del delantero contrario más avanzado y situándose alejado de él cuando estos marcajes deben hacerse al hombre; orientación equivocada del cuerpo al recibir un balón en banda y querer proteger la pelota “sacando culo” en vez de perfilarse, controlar con una pierna el balón y con la otra cadera poner distancia alejando al defensor; recepción y control de la pelota con la planta del pie como en fútbol sala lo que provoca numerosos descontroles con un balón mayor y más hinchado; saques de puerta golpeados por el portero a balón parado, mientras se aleja excesivamente de su portería que, ante cualquier accidente imprevisto, dejan vulnerable dicha portería; y un largo etcétera.

En las últimas horas, Pelé vino a declarar sobre Messi que, comparado con Maradona, es inferior porque regatea siempre de la misma forma, no tiene pierna derecha y no remata de cabeza. Los más puristas, los entregados al artista Messi, critican ahora a Pelé porque no están de acuerdo con él y hacen todo tipo de alegatos al argentino queriendo, a su vez, disminuir las maravillosas virtudes de Pelé, en este caso. A mi me gustaría que reflexionemos todos, las virtudes inimitables de Messi no significan que el fútbol prospere porque él prospera y muestra aún acciones impensables no vistas antes como en el reciente partido Barcelona-Español, sería una idealización de la individualidad a la que todos se entregan con facilidad creyendo que el fútbol es eso. Para mí, lo mejor de Messi es cuando hace un juego colectivo, mejora a todos los suyos, da pases profundos para que los otros jueguen en equipo y representa eso del “fútbol simple” tan difícil de conseguir cuando lidera a los suyos en pos de un juego evolucionado. Es como si asegurase que el Atlético de Madrid es un gran equipo porque tiene un gran portero, Oblak, al que le meten pocos goles y agarra los balones sin necesidad de despejarlos como otros buenos porteros. Para que nos entendamos, vemos que esa no es la virtud colectiva del Atlético de Madrid si no que tiene otra acumulación de virtudes suma de cualidades individuales asociadas a la labor de equipo y no relacionadas con una figura indiscutible del regate, del tiro a puerta, del lanzamiento de faltas, y de la penetración entre defensas...

miércoles 12 diciembre 2018 01:00Editorial
de Manuel Rodríguez
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