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¿Con un fútbol simple seremos felices?

¿Con un fútbol simple seremos felices?

“La felicidad no es un premio, sino una consecuencia. El sufrimiento no es un castigo, sino un resultado”. (Robert G. Ingersoll).

En mi primer libro “La Ignorática y el fútbol” plasmé el capítulo 7.1., “¿Cómo ser felices en un partido de fútbol?”. Han transcurrido 12 años de aquel escrito y, sinceramente, observo que los espectadores de fútbol se han convertido en más intransigentes, tanto con sus equipos como con los contrarios, en la actualidad parece que las Reglas se suponen manipuladas y siempre a favor de otros equipos distintos a mi favorito. Sinceramente, es un ambiente un tanto regresivo que me molesta muy íntimamente, porque la visión es especialmente partidista.

Sigo insistiendo en mi idea de profundizar sobre el “fútbol simple” para que el disfrute del juego sea más amplio y compartido, al margen de resultados. Por eso quiero transcribir aquel capítulo, reanudando mi personal objetivo de entender el espectáculo de una manera más transparente, más tolerante, más flexible, más empática y respetuosa con las Reglas que rigen el fútbol.

Se hace necesario que el espectáculo futbolístico fluya en un ambiente de aceptación del contrario, sin que al menor contratiempo reglamentario se piense en maquinaciones o segundas intenciones de los poderes ocultos que tratan siempre de perjudicar a mi equipo. Por tanto, de nuevo intento que mi aportación colabore en la consecución de una visión mucho más positiva del fútbol:

“A). Hay personas que no disfrutan viendo un partido de fútbol, que sufren. Todo lo ven negativo, se fijan sólo en los fallos, nunca están satisfechos ni de su club, ni de sus jugadores, ni de los directivos, ni del entrenador… Aceptando incluso que la crítica, normalmente, es síntoma de un gran amor por aquello que se critica, en este caso el club de sus amores.

B). Mi consejo particular es que hay que ir a un campo de fútbol para ser felices. Y la felicidad sólo depende de nosotros mismos, de nuestra manera de ver las cosas, nunca puede depender de otros… Ni siquiera de un mal arbitraje, o de una mala actuación de algún jugador del equipo, o de una alineación indeseada por nosotros, o finalmente de un mal resultado.

C). Para ser felices viendo un partido de fútbol mi fórmula siempre sería la siguiente. Lo primero, preguntarse “¿A qué he venido al fútbol?” Seguidamente responderse interiormente: “¡He venido a disfrutar del partido, a ser feliz!” Por consiguiente, respondo con un sentimiento positivo a una pregunta adecuada.

D). A continuación, me olvido totalmente del árbitro. (¡Que pite lo que quiera puesto que yo no puedo influir!). Además, sigo pensando que el entrenador de mi equipo favorito eligió la mejor alineación, cuestión que ni siquiera me planteo con el entrenador del equipo contrario. Y además, disfruto de los jugadores que juegan el partido, de sus virtudes, soy flexible con sus errores y sus circunstancias. También me olvido de los que no juegan mientras dura el partido no comparándolos entre sí.

E). Del mismo modo, también me sitúo mentalmente en que un partido de fútbol no es un combate de boxeo donde el equipo favorito tiene que ganar la contienda en dos minutos arrasando al equipo contrario por débil que éste parezca. Cada vez es más difícil en el fútbol ganar por goleada, arrasar, “pasar por encima”.

F). Tan pronto se inicia el partido, procuro fijarme en el estilo de los equipos sobre todo del buen o mal trato que dan al balón, en el ritmo de juego, si quieren jugar un fútbol con sentido y criterios claros, en la actitud ofensiva o defensiva, en el recorrido de la pelota o de los jugadores, en la participación, si salen a por el partido o especulan con el resultado, si marcan en zona o hacen persecución individual, si el toque es una premisa básica…

G). No es bueno volverse loco con las tácticas, ni con la estrategia, ni con los sistemas. Viéndolo todo con positivismo, en un partido de fútbol me encanta todo de cualquier jugador que pone los cinco sentidos en un regate, un pase, una conducción, un despeje de cabeza, un remate, una buena anticipación, la orientación de un marcaje, la recuperación de un balón después de una temporización… Es un disfrute ver un buen tiro a puerta, un taconazo, una parada del portero saliendo a descolgar un balón aéreo, una pared entre un defensa lateral y el interior de su lado, una aceleración, una pausa…

H). “¡Caramba, es verdad que estoy disfrutando con las acciones del partido!”. Sigue el juego y los dos equipos aportan cosas. Qué satisfacción por una sana disputa de un balón dividido, una buena recuperación y el pase consiguiente a un desmarque en velocidad. Hasta nos interesa un tiro a puerta mal ejecutado si percibimos que el atacante arriesgó con criterio; sin duda, también nos gusta una buena ley de la ventaja concedida por el árbitro, una falta indirecta bien ejecutada, una puntera que llega sutilmente al balón antes que el contrario, un saque de esquina bien movido y mejor defendido, un rastreo anticipándose a una conducción intensa salvando el gol inmediato…

I). ¡Que bonito es el fútbol! ¿Es que en un partido de fútbol no hay más de treinta acciones de las citadas, de muy buen nivel, ejecutadas por cualquiera de los dos equipos? ¡Pues claro que sí! Entonces, decidamos ser felices por todo lo bueno que vemos en un partido y no amargarnos con las debilidades técnicas y tácticas.

J). ¡Disfrutemos! Por encima de todo. Porque nuestro estado de ánimo no debe condicionarse negativamente ni siquiera de los que, con sus errores o fallos, ponen en peligro los tres puntos del partido de nuestro club favorito. Formando círculos virtuosos hasta los jugadores mediocres acaban rindiendo a nuestra satisfacción.

K). Últimamente, ni las aficiones, ni los medios de comunicación, ni los equipos mejores del planeta, a todos les parece que no juegan bien al fútbol. Nada nos gusta, no disfrutamos ni siquiera de los mejores porque enseguida hablamos de crisis al menor contratiempo en un resultado. No puede ser que un Barcelona, o un Real Madrid, o un Sevilla, o un Atlético Madrid, entre otros, no nos aporten acciones elogiables cuando en realidad lo hacen muchos equipos que funcionan con jugadores más limitados, con menos presupuesto y exigencias externas como un Getafe, Recreativo de Huelva, Español o Mallorca.

De ahí nuestra insistencia. Por eso, exigimos, amablemente, que sean Vds., felices viendo jugar al fútbol”.

Conociendo la opinión del filósofo contemporáneo Michael Sandel, profesor de la Universidad de Harvard y Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2018, todavía me he atrevido a denunciar las posturas “victimistas”. Porque ese posicionamiento mental no nos deja disfrutar del fútbol, puro y duro. Y no tiene ningún futuro positivo esa manera de entender el fútbol dudando de todos los demás… “Hoy la gente solo escucha opiniones que refuerzan lo que ya cree”, dice Sandel. Es evidente que el momento actual es muy crítico para disfrutar del fútbol sin cortapisas.

En general, ha mejorado el espectáculo, los medios de comunicación que nos transmiten mayores detalles del juego, la estadística, las herramientas de decisión que ayudan al árbitro en la aplicación del Reglamento como es el caso del VAR y, sin embargo, solo están sirviendo para no digerir la excesiva información, se sigue insistiendo en publicitar con resalte tan solo aquello que beneficia al equipo que nos interesa. En su consecuencia, debiéramos disfrutar del fútbol quitándole todas las espinas dañinas que la experiencia ha ido acumulando como parte de nuestra mala educación deportiva.

jueves 28 febrero 2019 00:56Editorial
de Manuel Rodríguez
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