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¿Puede el Real Madrid revalidar el título de la Champions League?
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"Si no te esfuerzas hasta el máximo, ¿cómo sabrás donde está tu límite? (Anónimo).
07.04.2018 01.00 de Manuel Rodríguez   artículo leído 2763 veces

Son ya muchos años los que llevo viendo fútbol. Y sigo pensando que siempre es posible ver algo distinto, para bien o para mal, aunque la memoria es selectiva y tiende a recordar solo “lo bueno”. Sinceramente, la mejor manera de disfrutar del fútbol con objetividad es disfrutar, en cada momento, de aquello que te produce pasión, sorpresa, emoción, intentando que el virus de las comparaciones no estropee ninguna de las acciones sorprendentes con las que nos deleitamos en el partido de fútbol. En 2011 publiqué mi libro “Futbolandia. Ensoñaciones, realidades y virguerías del fútbol”, disfruté mucho por entonces recreándome, entre otras cosas, con las virguerías del fútbol de las que pude reseñar unas 30 jugadas singulares, excepcionales, concretando los aspectos más relevantes de acciones sin par de jugadores de muy distintas características. Allí plasmé entre otras acciones memorables, “La novena sinfonía de Zidane” cuando el R. Madrid ganó la novena “Champions”; o también aquel gol inolvidable del “Mundial México 86” marcado por Maradona, que titulé como “El mejor gol de la historia del fútbol”; o el “Penalti congelado” ejecutado maravillosamente por Panenka; incluso no pude sustraerme a “La mano de Dios”, aquella trampa creativa ejecutada por Maradona; también llamó mi atención la genialidad de “El penalti indirecto” de Johan Cruyff; etcétera. Pero insistía mucho, entonces, sobre las “odiosas comparaciones” de las que huyo habitualmente, por excluyentes. En el fútbol es muy fácil caer en la trampa del partidismo, este futbolista es mejor que este otro; esta jugada es mejor que aquella; este gol es más bonito que aquel… Para mí, todos los jugadores de fútbol son buenos y todos los goles son bellos. Nunca compararé ni haré de menos a un futbolista en contraposición con otro de un equipo menos deseado. Y desprecio crónicas tan variopintas como las de “El Mundo Deportivo”, firmado por Oscar Zárate, 22.04.2016: “Suele ser habitual ver cómo en las redes sociales se mofan de Cristiano cada vez que prueba una “chilena” y falla estrepitosamente. A cada error, un punto más de frustración para el luso y de cachondeo para sus críticos”. Me parece un apunte periodístico llamativamente partidista y, por tanto, un tanto “impresentable” para un medio profesional, poco edificante para el fútbol en general.

Ya lo decía Dante Panzeri en “Fútbol. Dinámica de lo impensado”: “¿Los futbolistas geniales son los que saben? ¡Cuántos futbolistas geniales no saben ni supieron por qué eran geniales! Precisamente escribí sobre “La chilena” entre las virguerías del fútbol de “Futbolandia”: “De chavalín nos gustaban las “tijeretas” hacia atrás. Pero teníamos un problema, no sabíamos aterrizar. Luego, más tarde, cuando fuimos teniendo imágenes de nuestros ídolos supimos que aquellas “tijeretas” maravillosas se llamaban “chilenas”. “La chilena” es una acción espectacular. Casi raya en lo circense y, aunque es una acción selectiva en un partido de fútbol, es muy valorada. A todos nos gustaba intentarlo, aunque la costalada estaba asegurada… Me causa admiración; la pelota por encima de la cabeza pues no admite otra posibilidad. Con coraje y decisión el cuerpo se lanza al aire, una pierna bate e impulsa por delante y la otra, normalmente la pierna hábil, instantes después, impacta con el balón golpeándolo hacia atrás. Explosión de técnica, decisión, coordinación en el aire y desde luego una especial agilidad y gran habilidad espacio temporal. Parece más una acción ofensiva que defensiva, pero se utiliza en ambas situaciones”. Recordaba yo en mi libro la primera vez que en un partido Atlético de Madrid-Real Madrid, con 14 años, en el antiguo Metropolitano, Griffa estaba probándose a la vista de su entrenador Villalonga y, de pronto, hizo una chilena escalofriante… Creo que ya no tuvo que probar más pues su agilidad estaba a flor de piel. También recuerdo a Ovejero, “El Cacique del área” que tantas prestaciones defensivas dio al Atlético de Madrid; incluso Cannavaro o Sergio Ramos. “La chilena” era una jugada típica de los fenómenos de cada época, Di Stéfano, Pelé, Maradona, Hugo Sánchez, Rivaldo, Van Basten… Aseguraba yo que “Un gol de chilena es una explosión plástica difícil de superar, incluso por encima de una gran “palomita” de un portero cuando el balón va a la escuadra”.

Esa estética cinematográfica de “La Chilena” la explotó John Ford en la película “Evasión o victoria”, Pelé eternizó la imagen con una “chilena” majestuosa donde parecía que el tiempo iba a cámara lenta y el fenómeno quedaba suspendido en el aire como un angelito negro. Ya digo que en aquella ocasión cité a hombres como Luque (Deportivo La Coruña) que goleó al Málaga; Ronaldinho en la temporada 2006/07 con el Barcelona; Rivaldo frente al Valencia en la temporada 2001/02; Hugo Sánchez en el Real Madrid la utilizaba como un repertorio habitual, se recuerda mucho aquella jugada contra el Logroñés el 10 de abril de 1988… “Dicen que la creación de esta jugada se remonta a 1914 cuando Ramón Unzaga Asla ejecutó por primera vez una especie de tijera en el aire, golpeando de espaldas al jugador contrario. Dicho jugador la repitió numerosas veces en 1920 durante la disputa del Sudamericano realizado en Viña del Mar. Un grupo de periodistas argentinos presentes allí la bautizaron como “La Chilenita” por cuanto Unzaga jugaba en el club Estrella del Mar de Talcahuano; practicándola con gran maestría en el histórico estadio El Moro del primer puerto militar de Chile… Otra versión indica el origen de “La Chilena” cuando la ejecutó con maestría el jugador David Arellano en una gran gira del Colo Colo por España en 1927. Dicen que la bautizaron “chilena” en nuestro país porque venía volando del país andino”. Se manejan otras teorías en las que ya no me extiendo, en todo caso señalar que en Brasil la llaman “bicicleta” y la creó Leonidas da Silva; o que en Perú la denominan “chalaca” porque la practicaba un jugador del club Chalaco; y, por último, significar que en Portugal la denominan “pontapé de bicicleta”.

Desde luego “La chilena” tiene su arte. El martes 3 de abril de 2018, jugaba el Real Madrid en Turín, contra la Juventus. El partido transcurría con victoria realista por un gol a cero, marcado por Ronaldo. Después de una acción previa de gol, en la que había intervenido Ronaldo, éste en la línea de fondo a la derecha del portero cede un pase hacia la frontal del área para que Lucas Vázquez tirase a puerta y Buffon parase. El balón rebotado del portero se dirigió hacia el sector derecho del Real Madrid a la altura del área de penalti, allí seguía Carvajal la jugada, amagó a un defensor y acabó centrando al corazón del área de manera templada, a casi 2,23 metros de altura (Otras informaciones hablan de 2,40 m.) y próximo al punto de penalti. Se elevó Cristiano para contactar con el esférico, previo recorrido de dos pasos hacia dentro del campo a buscar el móvil, y marcó el segundo gol para sorpresa de propios y extraños, incluido el mítico Buffon que reconocía el máximo nivel del portugués, a la altura de Pelé, Maradona, Messi… La acción de “chilena” fue un momento culminante, triunfal, brillante, muy impresionante, un espectáculo que agradeció el Estadio con 42.000 espectadores que se olvidaron de sus colores originales, de su derrota, y aplaudió al artista, en este caso Cristiano Ronaldo. Fue la apoteosis del gol. Ni más, ni menos. Una explosión estética. Una explosión de admiración. A Dios gracias, Ronaldo no fue Dios; de hecho, no permaneció en el aire y cayó a plomo sin resentirse, mirando la trayectoria de la pelota que se convertiría en un gol fantástico a la izquierda del portero Buffon. Recapacitemos, ese golazo de Cristiano no tendría ningún mérito de haber sido Dios. Era, probablemente, un gol soñado cientos de veces en entrenamientos, partidos y ensoñaciones desde que saliera de su Madeira natal para jugar al fútbol en el Sporting Club de Lisboa.

Jesús Sánchez (Marca, 4.4.18)reflexiona:”En el contexto de esta maravillosa carrera hacia la eternidad, vimos un gol de esos que llegan al fondo del alma de un aficionado al fútbol, como la canción que siempre tararea el melómano. El gol de Cristiano en Turín se recordará siempre porque el buen hincha tiene siempre un repertorio a mano al que asomarse para ser feliz. Forma parte ya de la pinacoteca del fútbol. El lance técnico lo tuvo todo: belleza, equilibrio, acierto, fuerza, plasticidad. Lo hizo en el partido que es un clásico del fútbol europeo, un Juventus-Madrid, el segundo que más veces se jugó en Copa de Europa, a un portero mítico como Buffon, en cuartos de final de la máxima competición por clubes del mundo, en un partido trascendental. El colofón fue la reacción del público en Turín. Se puso en pie para aplaudir al delantero portugués, que se tocó el corazón tras ver a la grada así… Merece la pena vivir para ver cosas así, para disfrutar del deporte. Fue el gol que tantas veces intentó… El verdadero valor de Ronaldo no debería medirse por ese salto hacia el cielo… Y no desfalleció. Siguió persiguiendo con ahínco el prodigio hasta que logró uno de los goles más bellos que nunca se han marcado, uno de dibujos animados… Su acierto en esa chilena, sin embargo, debería ser un ejemplo para los niños que deben aprender cosas básicas, una de ellas es que el trabajo es la llave del éxito… Esto debe enseñarse en las escuelas de fútbol y de la vida. Este es el legado que deja Cristiano. Por esto, por su admirable perseverancia, sí que es un ejemplo”.

En estos días, la agencia EFE solicitó a Enrique Navarro, biomecánico de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid, su opinión que hizo unos apuntes al respecto: “El golpeo se compone de dos fases: una de preparación o armado de la pierna que va a golpeare, cuando el futbolista apoya, extiende su pierna hacia atrás y flexiona la rodilla; y una segunda fase de golpeo propiamente dicho con flexión de cadera y extensión de rodilla, la patada propiamente dicha”. Y continúa: “Se ve que lo primero que él hace es mirar al portero y al compañero. Ronaldo ve a su compañero y sabe que le va a pasar, mira al portero y sabe que lo va a meter por la derecha. Eso no es el azar, y es algo que no está al alcance de cualquiera… Tiene que iniciar el movimiento de manera que lo termine justo cuando el balón pasa por encima. Esto requiere lo que se denomina coordinación espacio-temporal. En su caso es espectacular”. En dicho análisis, el profesor determina que “Además de hacerlo en el aire y sin apoyo, lo difícil es hacerlo de manera que el impacto del pie se produzca en el momento adecuado, justo cuando el balón pasa encima de la cabeza, para ello es necesaria la sincronización espacio-temporal. El pie llega perfecto, hace que el balón salga con trayectoria perfecta y una velocidad muy importante para ser una chilena. El portero está en el otro palo y no la puede coger porque va muy rápido”. En resumen, el experto Enrique Navarro concretó tres claves: “Es una suma de tres aspectos: una buena decisión, un gesto impresionantemente bien hecho con una capacidad física espectacular que consiste en un salto tan elevado en posición invertida; y la tercera, una sincronización espacio-temporal que hace que consiga que el pie llegue cuando tiene que llegar. En conclusión, un gesto espectacular, único”.

De un fuera de serie en goles bellísimos no podíamos esperar otra cosa que esta apoteosis, quedando a la espera de que su “misterioso” rendimiento continúe y se propague… Al fin y al cabo, es un nuevo ejemplo de esa pugna indescifrable en que se convierte el fútbol de manera sistemática.


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