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Editorial
EMRE A CEBOLLA Y VENDO A FALCAO PORQUE ME TOCA
30.05.2012 00.00 di
Rubén Uría
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Dicen que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Incluso que detrás de cada gran hombre, hay una mujer muy sorprendida. Y detrás de cada fichaje de los Gil, dicen, hay más trampas que en una película de chinos. Por eso, recién acaba de concluir la temporada y los aficionados del Atlético siguen preguntándose si sus ruinosos gestores no desmantelarán un equipo campeón o si volverán persistir en su política de vender a los buenos para poder pagar a los malos. Hace tiempo que el periodismo ha convertido en una peligrosa costumbre el hecho de realizar encuestas en forma de globo-sonda, para que los directivos puedan testar el grado de sumisión o enfado de su afición en caso de una hipotética venta o de algún fichaje tipo cortina de humo. Con la afición del Atlético no hay caso. Sufrió las encuestas con Fernando Torres, con Diego Forlán, con David De Gea, con Sergio Agüero y llegará el día en que tengan que sufrirlas con Adrián López y con el tigre Falcao. De ahí que los seguidores colchoneros, en un ejercicio de responsabilidad, tengan la mosca detrás de la oreja con el anuncio de los fichajes a coste cero de los dueños. Normal. Para fortalecer el mediocampo llega Emre, un centrocampista turco de buen pie y avanzada edad, tras una negociación relámpago - eso dice la versión oficial, que no la oficiosa- con un agente asociado con Jorge Mendes. Sustituto de Diego o complemento, está por ver. Para reforzar el flanco llega Cebolla Rodríguez, un extremo charrúa con garra, con pasaporte comunitario, fruto de la economía de guerra de la propiedad. Recambio de Salvio o sucedáneo, está por ver. En otro tiempo y con otros gestores, la hinchada atlética habría aceptado las dos contrataciones con tibieza, recelando de su posible rendimiento, pero siendo postitivos. Pero después de lo que ha llovido, de 25 años de tormento donde el club se ha convertido en una agencia de compra-venta de jugadores, el grado de sospecha de los que llenan el Calderón tiene fundamento. Existe el presentimiento y la experiencia de que cada vez que los Gil anuncian un fichaje, se abre la veda para traspasar a los jugadores franquicia de un club lastrado por la deuda que han generado quienes llevan décadas aplicando el Bankia yo caliente, ríase la gente. Es muy pronto para decir si Emre y Cebolla serán buenos para el Atlético. También para mofarse del turco o del apodo del charrúa, del que está por ver si hará llorar a los defensas o a la afición del Atlético en el futuro. Acabarán siendo buenos o malos en función de los traspasos de Gil Marín. Eso pasa por retener a Adrián. Y sobre todo, por no vender a Falcao. Su padre dice que su hijo se quiere quedar, que todo está en manos de la directiva. Simeone quiere a Radamel. Y el colombiano dice que le tiran las rayas canallas de los colchones. Gil Marín dice que estudiarán las ofertas que lleguen. Emre y Cebolla. Perfecto. Ni frío, ni calor. La cuestión es Falcao, el jugador que quiere jugar en el Atlético, para disgusto de quienes pasearán la Europa League en autobús, escuchando ofertas por el hombre que la ganó. No hay ningún atlético sobre la faz de la tierra que esté dispuesto a volver a pasar por el vía crucis de Emre, Cebolla y vendo a Falcao porque me toca. Recuerden: Los jugadores juegan donde quieren jugar. Era así Cerezo ¿no? TodoMercadoWeb.es -el sitio del mercado futbolstico actualizado 24 horas al da
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