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TODO MENOS FÚTBOL
24.05.2012 00.00 di
Rubén Uría
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Los políticos utilizan el fútbol para que no hablemos de política y el deporte recurre a la política cuando el campo está embarrado. Es la conclusión principal de una secuencia temporal de disparates que amenaza con ensuciar la final copera. Mientras Esperanza Aguirre revela su peculiar protocolo de actuación si se produce un supuesto ultraje a la corona (si antes algunos tenían ganas de pitar, ahora habrá más), mientras diferentes políticos separatistas usarán la final como aparato propagandísticos de sus ideas y mientras se permite una manifestación de ultraderecha el mismo día que los seguidores del Athletic y el Barça velarán armas en Madrid, la final de Copa se ha convertido en un escenario donde lo único importante, el fútbol, se ha visto relegado a un segundo plano. De hecho, el fútbol parece lo de menos. En Bilbao, Bielsa afronta su segunda oportunidad con su mini-Barça. En su primera final, el Athletic acabó tiroteado por un equipo que fue superior en la batalla mental y en las armas del oficio. Falcao cobró derechos de autor y fue el artífice de una lección que Bielsa, creador de un equipo de autor en la tradicional identidad del Athletic, debe haber aprendido. El Barça tiene más potencial que el Atlético, así que 'el profesor' tendrá que reforzar la autoestima de su grupo. De ahí su proclama pública, reclamando once soldados, once compromisos firmes, once tipos dispuestos a morir por una idea común: presión asfixiante, recuperación instantánea, lucha por cada palmo de terreno y cada posesión de pelota. Bielsa, uno de los espejos donde se quiso reflejar Guardiola, uno de los que sonó como su posible relevo, encara la final de Copa como un desafío personal. La receta, en modo huelga japonesa. Cuanto peor salen las cosas, más se trabaja: sesiones dobles de vídeo y triples de autoestima. Elegir entre ser toro o ser torero, esa será la cuestión. En Barcelona, de manera preocupante, el debate de la opinión pública se ha centrado en la guerra interna entre los amigos de Sandro Rosell y los amigos de Laporta. Una sangría interna que debilitará a la institución y una hemorragia innecesaria que amenaza la conquista de un título que mitigaría el desencanto en Liga y Champions. Al desencuentro público entre Rosell y Laporta cabe añadir la incesante rumorología sobre la sucesión de Guardiola y sobre la idoneidad de Vilanova, acusado por algunos de presunta traición y motín de opereta. Ciertos o infundados, los rumores sobre el banquillo y las certezas sobre la poltrona del club contribuyen a un clima enrarecido. A un ruido ensordecedor en las últimas horas, donde la inercia positiva del equipo se ha visto desplazada por los intereses personales de personajes que hace años se quejaban del entorno y ahora, se han convertido en ese entorno. Guardiola, en el que será su último partido, buscará su despedida soñada. Abrazado a otro título. Su equipo, el que el próximo año será el de Tito, está dispuesto a contribuir a su merecido fin de fiesta, a pesar del lastre de las lesiones de Alves, Puyol y Villa. Pero más allá de ese deseo, no deja de ser un mal síntoma el hecho de que durante estos días, este Barça, el mejor equipo del mundo, afronte la final de la Copa del Rey hablando de todo, menos de fútbol. Messi hablará en el campo. Su zurda no entiende de politiqueos, sólo de goles. TodoMercadoWeb.es -el sitio del mercado futbolstico actualizado 24 horas al da OTRAS NOTICIAS realmadrid
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