La crispación institucional que vive el Fútbol Club Barcelona y la sumisión mediática que tanto en su propia comunidad autónoma como en Madrid practica el entorno periodístico va a convertir la próxima temporada en un polvorín. Joan Laporta, ansioso por recuperar su trono y todas las prebendas que conlleva, se ha lanzado a una delirante espiral en la que todo vale con tal de contentar a los sectores más ultramontanos de su club. Ante una presión tan asfixiante, Sandro Rosell, que en su vida normal se mueve con la misma agresividad que Piolín en su jaula, tiene que transformarse en el Alien que se tragaba a Sigourney Weaver y presumir de músculo dialéctico soltando infinidad de disparates que la realidad se encarga de poner en su sitio, justo al lado del primer cero a la izquierda. El papelón que presidente y oposición azulgrana han hecho ante el indulto de Villar a Mourinho y a, no lo olvidemos, Tito, Vilanova, se va a repetir durante toda la temporada. Un club quejándose de una medida de gracia que en anteriores ocasiones le sirvió para esquivar la sanción por los lanzamientos de cochinillo y botellas de whisky o por dar plantón en una semifinal de la Copa del Rey queda deslegiItimado para los restos salvo que se desenvuelva en una jungla como la del fútbol español en la que todo lo azulgrana se cataloga como beatífico e inmaculado.Esos lamentos son equivalentes a lo que supondría que Jack el Destripador se quejara porque un padre le diera un par de cachetes a su travieso hijo. Manda h...
Cada vez que surja una polémica, el Barcelona saldrá al frente con rueda de prensa de Freixa, de Rosell o de Zubizarreta. Paralelamente, surgirá Joan Laporta pisando a fondo el el acelerador del ataque a todo lo que se mueva. Y siempre quedará Godall para recordar que en la anterior época laportiana los árbitros miraban con buena cara al club azulgrana cuando surgían dudas en el terreno de juego, una aseveración que en Italia, Alemania o Inglaterra habría supuesto la apertura inmediata de una investigación. En esos países ya han descendido administrativamente equipos grandes por diversos motivos, como la Juve o el Milan, o por problemas económicos. Aquí siempre se mira para otro lado.
Un equipo ya de por sí tendente a la queja, cuyo anterior entrenador fue capaz de analizar por una cámara de televisión en pleno partido un posible error arbitral, concretamente en Pamplona, es capaz de todo. Y más si vive sometido al poder paralelo del incansable Laporta. El fútbol español se lo permitirá. Y el entorno mediático también. Sí, ese mismo entorno que incluye a la prensa de Madrid, empeñada en criticar sin pruebas cualquier aspecto relacionado con el club blanco. Sn ir más lejos, hay quien se lanza a cuestionar la marcha de Carvajal al Leverkusen sin saber que es el propio Mourinho el que ha recomendado al equipo alemán la adquisición de un futbolista al que piensa recuperar ya fogueado. O el que se empeña en enfrentar a un símbolo como Raúl con el club sin tener en cuenta que fue el propio futbolista quien pidió marcharse. Por cierto, seguimos pendientes de que ese genta tan precupada por los males del Madrid cuestione la política de recuperar por la vía del talonaio a canteranos como Cesc, Alba o Piqué. Ah, claro, es que el Barça es un ejemplo para todo. Ya vale.